¿Cuatro años más de lo mismo?

A construir la resistencia a la austeridad, no importa quién esté en el poder.

Barack Obama speaks at his Election Night victory rally

BARACK OBAMA ganó la reelección gracias a la fuerte participación de los principales partidarios del Partido Demócrata ahí donde el presidente más lo necesitaba.

Obama apenas se impuso sobre Mitt Romney en el voto popular nacional, pero obtuvo la mayoría del Colegio Electoral ganando en casi todos los estados denominados "campos de batalla".

Esto quiere decir que Obama consiguió el apoyo de los principales grupos de votantes demócratas que vitales en cada particular estado, a pesar de la generalizada decepción con su primer mandato.

Miembros de sindicato jugaron un vital papel en la victoria de Obama en el estado clave de Ohio, así como en Wisconsin e Iowa. Para una segunda elección, Obama rompió el sólido bloque republicanos en el Sur con una victoria en Virginia (y posiblemente Florida, donde el presidente mantenía una reñida ventaja al cierre de esta edición) que habría sido imposible sin una masiva participación de afroamericanos y latinos. El voto latino creció a 10 por ciento del electorado nacional, de acuerdo con las primeras estimaciones, favoreciendo a Obama en Colorado, Nevada y Nuevo México.

A nivel nacional, el número de votantes jóvenes, de 18 a 29 años, creció ligeramente como porcentaje del electorado con respecto a 2008, un hecho notable si se considera que la participación juvenil fue récor ese año.

Los medios de comunicación disertarán sobre cómo la máquina electoral de Obama identificó estos grupos de votantes, llegó a ellos y los hizo votar.

Pero otra manera de verlo es que Barack Obama y los demócratas deben sus próximos cuatro años en la Casa Blanca al voto y al trabajo organizativo de grupos simpatizantes de un partido que tiene muy poco que mostrar en los últimos cuatro años.

Hoy, millones de personas sentirán satisfacción de que Mitt Romney y Paul Ryan no llegaron a la Casa Blanca. Lo mismo con la derrota de los candidatos anti-mujer al Senado, los republicanos Todd Akin de Missouri y Richard Mourdock de Indiana.

También hay orgullo en que el primer presidente afroamericano, de un país fundado en la esclavitud, regresará a la Casa Blanca a pesar de los insultos racistas que sufrió los últimos cuatro años.

Sin embargo, la primera cuestión luego de las elecciones debería ser: ¿Cómo podemos asegurarnos de que los próximos cuatro años no sean cuatro más de lo mismo?

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BARACK OBAMA ya ha dicho qué planea para su próximo mandato, y deberíamos creer en su palabra.

Durante la campaña, Obama fue entrevistado por el Des Moines Register y habló con más franqueza que de costumbre porque pensaba que sus palabras no serían publicadas textualmente. Lo fueron, y ahora sabemos la máxima prioridad del presidente durante los primeros seis meses de su nuevo mandato.

¿Se trata de un programa gubernamental para crear puestos de trabajo? ¿Aumentar el sueldo mínimo? ¿El restablecimiento de los derechos sindicales para los trabajadores del sector público?¿Qué tal apretar contra el racismo o refrenar la violencia de la Patrulla Fronteriza?

No. Obama dice que su principal meta para el inicio de un segundo mandato es lograr un "gran acuerdo" para reducir el déficit federal en $4 billones en 10 años, principalmente a través de recortes al gasto social, incluyendo los programas más populares del gobierno, el Seguro Social y el Medicare.

Por seguro que esto no era lo que los millones de simpatizantes demócratas cuyo voto eligieron a Obama tenían en mente cuando depositaron sus papeletas.

Cuando Obama primero propuso el "gran acuerdo" ofreció más de $1 billón en recortes en más de 20 años en Medicare, una reducción de $360 mil millones en Medicaid en el mismo período y grandes reducciones en las prestaciones del Seguro Social, todo en nombre de equilibrar el presupuesto del gobierno federal.

Esto fue austeridad en gran escala, y mucho más de lo que los republicanos nunca contemplaron en obtener. Ésta fue una crítica lección: el "mal menor" fue más capaz que el "mal mayor" en de hecho lograr mal.

O podrían haber sido más capaces, sólo porque los republicanos rechazaron la propuesta porque contemplaba un aumento a los impuestos muy por debajo de los recortes. Eso es una prueba más, si alguna era necesaria, de qué tan fanático y miope el primer partido de las grandes corporaciones es.

Lo que plantea la pregunta de por qué Obama piensa que los republicanos estarán de acuerdo con un "gran acuerdo" en esta ocasión.. Él dijo al Register que pensaba que la mayoría de la Cámara Republicana estaría más abierta a un acuerdo, pero no hay razón para creer que los republicanos usarán su derrota en las elecciones de 2012 para examinar su conducta obstruccionista.

La derecha republicana ha sido increíblemente exitosa en arrastrar su impopular, chiflada, y extremista agenda al centro de la política dominante oponiéndose a Obama en todo; no hay razón para pensar que eso va a cambiar ahora.

Pero hay un punto más general: Durante la campaña presidencial, Barack Obama se hizo pasar por un defensor del Seguro Social y el Medicare contra el ataque republicano. Esto le fue más fácil aún cuando Paul Ryan, el republicano más estrechamente asociado con la privatización del Seguro Social y del Medicare, se convirtió en el candidato a la vicepresidencia de la derecha.

Sin embargo, Obama ha prometido que va a llevar a cabo la más sustancial reforma del Seguro Social y del Medicare en la historia de estos programas populares.

En otras palabras, el mal menor es aún malo.

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OBAMA HA antes utilizado el entusiasmo de la base demócrata para barrer a la victoria de 2008. Pero una vez en el cargo, hizo casi nada de lo que prometió a esa base.

Considere la lista, compilada por el autor izquierdista Matt Stoller, de las medidas progresistas de la plataforma demócrata del 2008 en la que el gobierno de Obama no logró nada, y en la mayoría de los casos ni siquiera lo intentó: La Ley de Libre Elección del Empleado para facilitar la afiliación a los sindicatos, la prohibición de sustitución permanente de huelguistas, siete días pagados por enfermedad garantizados para todos los trabajadores, la expansión del Crédito por Ingreso del Trabajo, un aumento en el salario mínimo, permitir a los jueces de bancarrota perdonar deudas hipotecarias; finalizar el espionaje sin orden judicial de ciudadanos, terminar el acoso federal de grupos de activistas, y restablecer el derecho al habeas corpus.

Como Stoller concluyó: "Éstas no son sólo promesas rotas, se trata de todas las promesas rotas que tienen que ver con los derechos económicos y políticos de aquellos relativamente sin poder. Privacidad, derechos sindicales, derechos del deudor, derechos de los activistas, etc , se les prometió cosas tangibles, y no las obtuvieron.

En contraste, Obama y su administración han logrado mucho... al servicio de los grandes empresarios, los banqueros y el imperialismo estadounidense. Como el rescate de Wall Street que comprometió billones dólares de los contribuyentes a salvaguardar a los mayores bancos. O la continua guerra en Afganistán y la expansión de las operaciones militares estadounidenses en Libia, Pakistán, Yemen y más. O incluso la ley de atención salud de Obama, cuyas regulaciones sobre las compañías de seguros como la prohibición de "condiciones pre-existentes" son eclipsadas --por disposiciones que obligan a millones de personas a comprar los productos defectuosos de aseguradoras con fines de lucro.

Este doble comportamiento--decir una cosa durante las campañas y hacer otra una vez en el cargo--es parte de la naturaleza del Partido Demócrata, como uno de los dos principales partidos en un sistema político capitalista. Sin presión desde abajo, en forma de resistencia obrera, los demócratas son moldeados por la continua presión desde arriba, desde las corporaciones y de los ricos.

Un ejemplo a recordar aquí es el destino de la Ley de Libre Elección del Empleado (EFCA)--proyecto de ley para hacer más fácil para los trabajadores no sindicalizados afiliarse a sindicatos. Esta fue la más alta prioridad legislativa del movimiento laboral cuando Obama asumió el cargo en enero de 2009.

Pero incluso antes de la inauguración, las corporaciones estadounidenses organizaron una campaña de desprestigio contra la EFCA, y los demócratas cedieron. En lugar de usar su abrumadora mayoría en ambas cámaras del Congreso, los demócratas retrocedieron poco a poco, a puerta cerrada.

En última instancia, los senadores demócratas acordaron una nueva versión de EFCA que eliminaba la pieza central del proyecto de ley, una disposición que habría permitido a los trabajadores para formar un sindicato por mayoría simple, firmando tarjetas sindicales.

Esa parte de la historia ya es deplorable, pero lo peor es que los máximos dirigentes de los sindicatos aceptaron la retirada de los demócratas, e incluso la justificaron.

Las federaciones, AFL-CIO y Cambio para Ganar, tuvieron redes de organizadores después de las elecciones de 2008 que originalmente iban a empezar a presionar a los legisladores. Las asambleas de activistas sindicales tuvieron un gran interés entre trabajadores que querían construir una campaña pública para defender la propuesta contra las calumnias de las corporaciones y presionar para su aprobación.

Sin embargo, los dirigentes sindicales cambiaron de rumbo, de acuerdo a un informe de los medios, porque querían "dar tiempo a Obama a orientarse". En última instancia, líderes como Andy Stern de SEIU, y el entonces presidente de AFL-CIO, John Sweeney, incluso justificaron la castración de EFCA con el argumento de que era más realista aprobar la legislación en esta forma. Pero para entonces, la lucha ya estaba perdida. EFCA murió sin siquiera llegar a una votación.

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LA HISTORIA de EFCA subraya la importancia de una observación hecha por el gran historiador Howard Zinn: "Lo más importante no es quién está sentado en la Casa Blanca, sino que está sentado en la calle".

Esto no es una lección de las páginas polvorientas de la historia. Es applicable hoy.

En 2008, una nota amarga la noche de las elecciones fue la aprobación de la Proposición 8 en California, prohibiendo el matrimonio homosexual. En lugar de esperar una respuesta por parte de los líderes políticos, como Obama, quien insistió en ese momento que él personalmente se oponía a los matrimonios homosexuales, furiosos simpatizantes de la igualdad en el matrimonio, organizaron protestas desde esa misma noche, las que se propagaron a través de California y todo el país, convirtiéndose en un nuevo movimiento nacional que forzó a Obama a responder a esta cuestión, aunque vacilante e incoherente.

Pocos meses después de la victoria electoral republicana en 2010, estalló la rebelión en Wisconsin contra el recién electo gobernador Walker Scott y su ley contra los pobres y el derecho a la negociación colectiva de los trabajadores del sector público. La rebelión de Wisconsin hizo cien veces más en fortalecer el movimiento obrero que todos las entregas de los demócratas.

El otoño pasado, el movimiento Ocupa Wall Street--que comenzó con una manifestación de sólo unos cientos en Nueva York, pero que y se extendió por todo el país--redefinió cómo mirar a la desigualdad de clase, con su famoso eslogan del "99 por ciento v/s el 1 por ciento". Ocupa atrajo mucha nueva gente al activismo, y se ganó simpatías más allá de sus filas.

Y el otoño pasado, la huelga de los maestros de Chicago ofreció un ejemplo al movimiento laboral de cómo organizar, usando el arma de la huelga con confianza, vinculando su lucha a una agenda de justicia social y creando lazos de solidaridad con toda la clase obrera.

La izquierda ha tenido todo esto para celebrar durante cuatro años de Obama en el cargo, nada de esto tuvo algo que ver con el Partido Demócrata. Por el contrario, varias de estas luchas fueron explícitamente en contra de algunos de los líderes más poderosas del Partido Demócrata, como alcalde de Chicago Rahm Emanuel.

Los desafíos porvenir son portentosos. El levantamiento de Wisconsin fue canalizado hacia una fallida campaña electoral para sacar a Walker y otros republicanos. Ocupa no dejó una organización en curso. Los maestros de Chicago, mientras mantuvieron la línea contra muchas de las demandas concesionarias, aceptaron algunos compromisos, y ellos y sus aliados enfrentan ahora a una difícil lucha contra el cierre de escuelas.

Pero estas luchas nos muestran cómo podemos responder a la elección de Barack Obama.

Hemos pasado por un período de unos meses en que las expectaciones políticas han sido incrementadas por las elecciones, junto con el nivel de la discusión política general. Debemos inspirarnos en las luchas recientes y antañas, y aprender la importante lección: Nuestro lado tiene que organizarse y luchar, como sindicalistas, estudiantes, miembros de la comunidad y activistas políticos, no importa quién está sentado en la Casa Blanca.

Traducido por Orlando Sepúlveda