La política del hambre

El Congreso prepara drásticos recortes a un programa que es fundamental para millones de personas.

Hungry on the streets of New York City (William Ward)

EL DESEMPLEO es aun persistentemente alto y, para la gran mayoría, la recuperación económica no deja sentir sus efectos. Pero, ¿cuál es el plan del Congreso para decrecer las filas cesantes? Hacer aquellos viviendo en el desempleo pasen verdadera hambre para motivarlos a encontrar trabajo.

El 20 de junio, por un margen de 234 a 195, la Cámara Baja derrotó a la ley agrícola propuestas por el Subcomité de Agricultura. El proyecto de ley, que establece la política agrícola así como el gasto en asistencia nutricional, hubiera recortado $20,1 mil millones en 10 años del Programa de Asistencia de Nutrición Suplementaria (SNAP), más comúnmente conocido como los cupones de alimento.

Una drástica reducción, sin duda; pero un número de republicanos pensó que no era suficiente, y la rechazaron con sus votos. Los demócratas apoyaron los recortes menos draconianos.

La batalla por cuánto reducir el programa SNAP de cupones de alimento ilustra cuáles son las torcidas prioridades de la élite política en la era de la austeridad. Los líderes políticos de ambos partidos quieren destripar este programa social precisamente cuando la necesidad es mayor. Al mismo tiempo, un banquero o un empresario puede ir a Washington y pedir y conseguir casi todo lo que quiera.

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CUANDO SE trata de programas como los cupones de alimento, la derecha ni siquiera trata de ocultar su desprecio por los pobres.

Por ejemplo, Diana Furchtgott-Roth, investigadora del Instituto Manhattan para la Investigación Política, dice que SNAP desalienta a los pobres de buscar trabajo. "Si alguien gana por encima de un cierto nivel de ingresos, ya no cumple con los requisitos", fue citada Furchtgott-Roth por The Christian Science Monitor. "[Y alguien recibiendo cupones SNAP] no tiene tanta presión para salir a buscar un trabajo."

Como si el principal obstáculo para encontrar empleo fuera la falta de motivación en vez de la escasez de trabajos.

Furchtgott-Roth se arma con estadísticas antes de hablar. "En 2009, cuando comenzó la recuperación económica, el 11 por ciento de la población usaba cupones de alimento", explicó. "Ahora, cuatro años después, un 15 por ciento los usa, a pesar de que el desempleo ha disminuido".

Pero mientras señala que un cierto nivel de ingresos descalifica para recibir la ayuda, Furchtgott-Roth no logra entender que la razón por la que más personas usan cupones SNAP, aun con el desempleo cayendo, es que los empleos generados por la recuperación económica pagan tan poco que muchos, aun trabajando, aún califican para los cupones y, de hecho, les son necesarios para proveer adecuadamente a sus familias.

De hecho, el programa SNAP ha sido especialmente exitoso en proporcionar una red de seguridad para ancianos, discapacitados, o aquellos temporalmente sin empleo, y complementa los salarios de los trabajadores de bajos ingresos. En este sentido, los cupones son una especie de bienestar corporativo para los empleadores de salarios miseria, como Wal-Mart y McDonalds, cuyos trabajadores de otra manera no serían capaces de mantener a sus familias.

Según el Centro de Presupuesto y Prioridades Políticas:

La gran mayoría de los beneficiarios de SNAP que pueden trabajar, lo hacen. Entre los hogares [que reciben el beneficio] con al menos un adulto en edad de trabajar, y sin discapacidad, más de la mitad trabaja mientras recibe [los cupones], y más del 80 por ciento trabajó el año previo o posterior. Las tasas son aún mayores para las familias con niños: más del 60 por ciento trabajó mientras recibió SNAP, y casi el 90 por ciento trabajó el año previo o posterior.

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LA LÍDER minoritaria en la Cámara Baja, Nancy Pelosi, expresó su indignación por el proyecto de ley agrícola que llegó al piso legislativo a ser votado en junio. "Estamos tomando la comida de la boca de los bebés", se quejó. "¿Qué más puedo decir?"

Es difícil no estar de acuerdo con su evaluación. La legislación derrotada hubiera dejado fuera del programa SNAP a casi 2 millones de personas de bajos ingresos, y con ellos 210.000 niños pobres podrían ser descalificados para recibir comidas gratuitas en las escuelas.

Pero incluso antes de los nuevos recortes, los cupones de alimento ya no aseguran una nutrición adecuada para los más pobres, en el país más rico del mundo. El beneficio SNAP mensual promedio por persona es de $ 133.85, o menos de un dólar y medio por persona por comida.

En promedio, 90 por ciento de los cupones SNAP son redimidos por la tercera semana de cada mes, antes de que el mes termine. Feeding America, la mayor red de bancos de alimento en EE.UU., encontró que el 58 por ciento de sus clientes que reciben cupones de alimentos debe recurrir a un banco de alimento por ayuda al menos seis meses al año.

Pelosi tiene toda la razón: Washington está tomando la comida de la boca de los bebés.

Pero la indignación de la líder demócrata no es del todo sincera. Pelosi y otros demócratas de la Cámara estaban dispuestos a votar a favor del proyecto de ley agrícola que reducía en $20 mil millones el programa SNAP, hasta que los republicanos introdujeron una enmienda para requerir a los beneficiarios, inclusive padres con niños pequeños y personas con discapacidad, a inscribirse en una capacitación laboral, específicamente una capacitación laboral para la cual no hay financiamiento en la actualidad.

La enmienda es típica de la crueldad republicana hacia los más vulnerables. Pero esto no quiere decir que hubiera habido una razón para que los demócratas apoyaran el proyecto de ley agrícola antes de que la enmienda fuera agregada.

El programa de cupones de alimento no se debe ser reducido. Al contrario, debe ser ampliado. No sólo porque los beneficios SNAP hacen la diferencia entre apenas sobrevivir y la miseria absoluta para muchas familias --aunque esta es razón suficiente-- sino además porque el uso de los cupones tiene un importante efecto de estímulo en la economía en general, creando de $1,70 en actividad económica por cada dólar gastado. Los recortes a los cupones SNAP sólo entumecerían aún más la todavía débil "recuperación" económica.

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SI LOS demócratas realmente quisieran desafiar la diatriba republicana sobre cómo la gente pobre le chupa la sangre "al resto de nosotros", tal vez quisieran llamar nuestra atención sobre el congresista Stephen Fincher. Él es un Tea Party republicano de Tennessee, que se distinguió durante el debate sobre ley agrícola usando referencias bíblicas para quejarse que el programa SNAP autoriza "a Washington a robar [dinero de alguien] en el país y dárselo a otros".

Sin embargo, Fincher mismo ha estado haciéndose con el dinero de los contribuyentes en una escala que ningún beneficiario de cupones podría imaginar. Entre 1999 y 2012, Fincher recibió $3,48 millones en subsidios agrícolas del gobierno federal, convirtiéndose en el segundo mayor receptor de ayuda agrícola entre los miembros del Congreso y uno de los mayores receptores de la historia de Tennessee.

Mientras Fincher se embolsó 250.000 dólares al año en subsidios durante la última década, el beneficiario SNAP promedio en Tennessee recibió $1.586,40 al año para alimentos básicos. Y después de votar para cortar $20.000 millones del programa, Fincher abogó por una propuesta para ampliar las subvenciones para seguros sobre las cosechas en $9 mil millones en los próximos 10 años.

Así que... ¿quién le está robando el dinero a quién?

Pero hay una razón por la cual Pelosi y los demócratas no le disparan a este pato sentado: el Partido Democrático está tan comprometido a imponer políticas de austeridad sobre el nivel de vida de la clase obrera como los republicanos, y sólo difieren cuánto cortar. Mientras el rico sigue disfrutando del botín.

Cortar fondos para programas de ayuda a los pobres, como los cupones SNAP, es sólo una parte de la austeridad. Los demócratas están a la vanguardia en otras áreas. Por ejemplo, Barack Obama propuso a los republicanos, a principios de este año, un "gran acuerdo" que incluía recortes al Seguro Social y Medicare.

Esto choqueó a muchos liberales, aunque Obama mismo ya había guiñado su ojo cuatro años antes al respecto. Como Eric Zuesse señala en Salon.com en abril:

Sólo cuatro días antes de su toma de posesión en enero de 2009, un titular del Washington Post rugía, "Obama promete reforma de las prestaciones", y detalló "una amplia entrevista de 70 minutos con reporteros y editores del Washington Post", en la que el presidente electo respaldó los esfuerzos de los republicanos del Congreso, y la coalición Blue Dog, demócratas fiscalmente conservadores, para recortar el Seguro Social y Medicare".

Para Obama, el plan para recortar el Seguro Social, Medicare y Medicaid, mientras financiaba el rescate de Wall Street, fue un acto de valentía política. (En su entrevista con el Washington Post, "se comprometió a gastar capital político en el tema.")

El nuevo proyecto de ley agrícola añade enmiendas que exigen pruebas de drogas a los beneficiarios SNAP y deja afuera a cualquier persona con una condena por delitos de drogas, con el fin de "que los receptores rindan cuentas". Pero el rescate de un billón de dólares a los grandes bancos vino sin ninguna atadura como esta, ni ninguna medida para hacer que los banqueros "rindan cuentas".

Así que no es de extrañar que, según el New York Times en abril, "los bancos que crearon las riesgosas amalgamas de hipotecas y préstamos durante el auge, las que salieron tan podridas durante la crisis, están muy ocupados reviviendo los mismos tipos de inversiones que muchos pensaron habían desaparecido para siempre. Una vez más, misteriosos productos financieros como "obligaciones de deuda garantizadas" están siendo acuñados en Wall Street".

Bienvenidos a la economía del espejismo; un mundo asombrosamente irracional donde el mejor conectado hace enormes ganancias, tornando el dinero público en riqueza privada; mientras, los trabajadores pobres son demonizados por aceptar $150 al mes en ayuda alimenticia.

Un mundo en el que el valor del propuesto recorte en el programa de cupones de alimento es 0,08 por ciento de los $ 21,9 billones controlados conjuntamente por el 1 por ciento más rico en la sociedad.

Contrario a la histeria del Tea Party, los impuestos para millonarios y corporaciones permanecen en mínimos históricos, y ningún político del establecimiento tiene un plan para entrometerse en sus arcas. Esto porque muchos de ellos están entra los más ricos o están dedicados a sus intereses.

Programas como SNAP, el Seguro Social y Medicare, fueron el producto de luchas sociales y militantes sostenidas por trabajadores organizados. Si queremos cambiar el rumbo de la austeridad, debemos emular esas luchas hoy.

Traducido por Orlando Sepúlveda