BDS tras las elecciones israelíes

March 30, 2015

Bill Mullen, profesor de la Universidad de Purdue y un partidario del movimiento BDS, analiza los efectos de la reelección de Netanyahu en la lucha por una Palestina.

LA VICTORIA de Benjamin Netanyahu, del Partido Likud, en las elecciones de Israel a mediados de marzo fue un gran triunfo para el racismo, el sionismo y el colonialismo, haciendo más explícito que nunca el desprecio de Israel por la autodeterminación palestina. Este resultado electoral nos exige intensificar la campaña internacional de boicot, desinversión y sanciones (BDS) en apoyo de Palestina.

En las 48 horas antes de las elecciones, Netanyahu juró que los palestinos nunca gozarían de un Estado mientras él fuera el primer ministro y se apoyó en el alarmismo islamófobo, advirtiendo que los árabes israelíes irían a las urnas en "masa". De un solo golpe, Netanyahu reveló la lógica inquebrantable del Estado apartheid de Israel, el verdadero carácter de su "democracia" Jim Crow, y una audaz--y justificada--confianza en que los votantes israelíes lo seguirían hacia la derecha.

Que Netanyahu hubiera intentado recular sus comentarios sobre un Estado palestino inmediatamente después de la elección expone aún más el desprecio de la clase dominante israelí hacia el pueblo palestino y su soberanía.

Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu

Como Omar Barghouti, uno de los fundadores del movimiento palestino BDS, dijo tras las elecciones: "Israel, una potencia nuclear beligerante que ignora por completo el derecho internacional y los derechos humanos básicos, pronto tendrá su gobierno más fanático, con graves consecuencias para los palestinos, así como por la paz mundial. Israel se ha sacado la máscara".

Las palabras de Barghouti hicieron eco en organizaciones solidarias en todo el mundo. La Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PCACBI), su homólogo estadounidense USCACBI y el Comité de Solidaridad con Palestina de Irlanda (IPSC), todas emitieron declaraciones dentro de las 48 horas después de la elección llamando por nuevas campañas de BDS. Como escribió el IPSC.:

Sólo queda que la gente común y consciente haga lo que pueda para ayudar al pueblo palestino en su continua lucha por sus derechos humanos, nacionales y democráticos... El pueblo palestino exige una verdadera paz, pero no puede haber paz hasta palestinos gocen de todos sus derechos y de libre determinación.


EN EE.UU., los socialistas también podemos utilizar el resultado de la elección para demostrar una vez más la complicidad del consenso bipartidista en Washington con el régimen racista de Netanhayu.

Después de todo, hace apenas dos semanas, demócratas y republicanos por igual se levantaron de sus sillas en el Congreso para aplaudir con ovación a Netanyahu, cuando él se pronunciaba contra un posible tratado nuclear entre Estados Unidos e Irán. Este es el primer ministro de un país que ya está armado hasta los dientes con armas nucleares, y es suministrado con $3 mil millones de dólares en ayuda militar estadounidense cada año, ritualmente aprobados por ambos partidos.

Los medios de comunicación centraron su atención en los miembros demócratas del Congreso--58 de un total de 234--que boicotearon la aparición de Netanyahu ante una sesión conjunta de la Cámara y el Senado, y lo retrataron como un gran desafió para Israel. Pero la mayoría lo hizo en protesta contra la estratagema partidista del líder republicano de la Cámara de Representantes, John Boehner, quien invitó a Netanyahu sin el consentimiento de Barack Obama. Muy pocos demócratas desafiaron el contenido alarmista de lo que Netanyahu dijo sobre Irán.

Los principales medios reportaron una posible crisis en la relación entre los gobiernos de Israel y Estados Unidos--o más específicamente entre Obama y los demócratas, y la derecha sionista del gobierno de Netanyahu. Pero éstos deben ser vistos por lo que son: gestos retóricos temporales de crítica al abierto racismo del régimen de Netanyahu. Como escribió Ali Abunimah en Electronic Intifada, no hay posibilidad alguna de un significativo cisma entre la clase dominante de Estados Unidos e Israel:

Desde la convincente victoria electoral de Benjamín Netanyahu la semana pasada, la cháchara de una profunda brecha entre EE.UU. e Israel se ha intensificado. Pero debemos ser muy escépticos de que la administración del presidente Barack Obama tomará serias medidas en favor de los derechos de los palestinos.

Evaluando las posibles "medidas de presión" contra Israel que flotan en los medios de comunicación, Abunimah concluye:

Estas son en su mayoría amenazas vacías. Pero más que eso, todas ellas son mínimas y leves. Como se ha señalado, no hay nada aquí sobre el uso de los miles de millones que EE.UU. le da a Israel cada año como una palanca. La ayuda sin ataduras presumiblemente continuará...

Obama debe saber que incluso si tomara todas las medidas que están flotando, éstas generarían mucha agitación política y culetazos, y que harían muy poco por lograr una "solución de dos estados" bajo su tutela. Pero ese culetazo podría poner aún en más peligro sus chances de obtener un acuerdo con Irán aprobado por el Congreso. Así que no espere que haga algo.

En su lugar, esta efímera grieta debe ser entendida como un debate sobre el estilo de gestión del imperialismo estadounidense-israelí, por un lado, y una lucha para recalibrar la relación de los dos países para adaptarla al cambio de alineamientos políticos en el Medio Oriente provocados por la Primavera Árabe, en el otro. Mucho de esto consiste en mantener en su lugar las fuerzas reaccionarias de la región que luchan contra la amenaza al estatus quo geopolítico.

Estados Unidos debe ahora balancear su apoyo a Israel con su recién descubierta cuasi-alianza con Irán en su guerra contra el Estado Islámico en Irak y Siria (ISIS); su apoyo constante a Arabia Saudita y Egipto post-Mubarak; y lidiar con el movimiento internacional BDS que persistentemente lo avergüenza, sobre todo en los campus universitarios de Estados Unidos.

Esta situación obliga al movimiento BDS a intensificar sus esfuerzos en demostrar que la relación entre Estados Unidos e Israel es la pieza central del imperialismo occidental en la región y el eje principal en el cual EE.UU. debe equilibrar, de manera cada vez más precaria, su agenda imperialista.

En la estela del rechazo de Netanyahu a un Estado palestino, los socialistas debemos reiterar nuestro llamado por la autodeterminación palestina en cualquier forma que adopte. Mientras que muchos escritores y activistas han argumentado desde hace tiempo que la solución de "dos estados" es letra muerta, es posible que la declaración de Netanyahu presione a Israel a considerar los contornos de la alternativa de un solo Estado.

Mientras el movimiento BDS se mantiene neutral sobre un Estado palestino, sus centrales demandas de poner fin a la ocupación israelí, desmantelar del muro del apartheid y respetar el derecho al retorno de los refugiados palestinos son consistentes con el apoyo a la autodeterminación. Estos principios también deben articularse dentro de un marco anti-imperialista que deje en claro el legado del colonialismo y el sionismo, y la necesidad de abolir ambos.

En el corto plazo, la victoria de Netanyahu es una importante oportunidad para reclutar más gente a la lucha por la libertad de Palestina. El sionismo israelí puede ser derrotado, pero sólo con un esfuerzo sostenido por la gente común y los trabajadores comprometidos con una clara política anti-imperialista y anti-racista.

Traducido por Orlando Sepúlveda

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