A combatir el racismo ejecutivo

La bajeza de la administración Trump quedó demostrada con sus racistas órdenes ejecutivas, pero, como Danny Katch informa, una resistencia comienza a levantarse.

Trump displays his signature on an executive order in the Oval Office

DONALD TRUMP ha comenzado a cumplir sus amenazas contra los inmigrantes con las primeras de una serie de órdenes ejecutivas sobre "seguridad nacional", cuyo impacto inmediato será que decenas de millones de estadounidenses -y gente alrededor del mundo- se sientan menos seguros.

O, para ser más exactos, francamente aterrorizados.

Trump firmó dos órdenes ejecutivas, finalizando enero, que ordenan al Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) comience a construir un muro a lo largo de la frontera con México, como lo prometió durante toda su campaña. Así comienza una nueva ola de represión contra los trabajadores indocumentados, junto a todo aquel bajo sospecha de serlo.

Dos días más tarde Trump firmó una tercera orden ejecutiva que niega la entrada a Estados Unidos a cualquier persona que provenida de Irak, Siria, Irán, Sudán, Libia, Somalia o Yemen, por 90 días; suspende toda admisión de refugiados durante cuatro meses, mientras los procedimientos son "ajustados"; y reduce el número total de refugiados admitidos en 2017, de 110.000 a 50.000.

Con esto, Trump está poniendo la fuerza legal de su silla presidencial detrás de su enfermizo prejuicio anti-musulmán, que los asume más propensos a cometer actos terroristas, por lo que es mejor mantenerlos fuera.

El odio al centro de la agenda reaccionaria de Trump, dirigido contra las personas más vulnerables en la sociedad estadounidense y en todo el mundo, es evidente.

Pero fue la repugnancia a sus prioridades lo que movilizó el mayor día de protestas en la historia del país, y la enfurecida respuesta a sus órdenes ejecutivas sacó a miles a protestar la misma noche en Trump la firmó, en Nueva York y otras ciudades.

No seremos capaces de derogar este odio ejecutivo en un solo día, una semana o un mes. Pero podemos redoblar nuestro compromiso de construir una resistencia a la reacción racista de Trump y proponer una alternativa de izquierda basada en la solidaridad y la lucha.

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ESTAS ÓRDENES ejecutivas representan, según Vox.com: "el mayor cambio en la política federal de inmigración, en un solo día, en la memoria reciente".

Uno de ellos instruye DHS a "identificar y, en la medida de que sea permitido por la ley, asignar todos los fondos federales" para construir el muro, de acuerdo con el lenguaje de la orden. La orden también permite a los agentes federales acceder a tierras fronterizas por motivos de seguridad, aparentemente en un intento por hacer más difícil demandar a la administración por violar las regulaciones ambientales.

Trump tiene la autoridad para hacerlo, pero no hay manera de que los fondos existentes puedan cubrir el costo de construir un muro a lo largo de las 1.000 millas que él clama querer cubrir. El Congreso tendría que apropiar los fondos cuando las negociaciones presupuestarias tengan lugar este año.

Entre las otras provisiones contenidas en las órdenes se encuentra una instrucción para retener indefinidamente a cada inmigrante indocumentado, incluyendo familias con niños, detenido por la Patrulla Fronteriza. Los agentes ya no tendrían la discreción de "detener y soltar" a los inmigrantes bajo condición de que aparezcan en una entrevista de asilo o cita judicial.

Encerrados, los inmigrantes tienen mucha más dificultad para obtener representación legal o reunir evidencias y testigos para presentar su caso ante los tribunales. Además, Trump fue tan lejos como dar la Patrulla Fronteriza el poder de deportar a los detenidos, aun si están esperando su fecha en corte.

La segunda orden ejecutiva reavivó un programa que prosperó bajo, pero luego suspendido por, la administración Obama: Comunidades Seguras. Bajo éste, cualquier persona procesada en una cárcel local puede ser chequeada contra las bases de datos de inmigración, después de lo cual, ICE puede pedir a la policía local la entrega del prisionero, haya sido condenado o no, para ser deportado.

Por último, la acción ejecutiva de Trump comienza el proceso de ir tras las "ciudades santuario" (municipios que limitan o rechazan la cooperación con sus agencias, incluyendo la policía, con la autoridad federal de inmigración). Específicamente, Trump ordenó al DHS confirmar que ninguna jurisdicción local, recibiendo fondos federales, esté interfiriendo con la aplicación de las leyes de inmigración. Cómo estas restricciones serán implementadas queda a cargo del DHS y del Departamento de Justicia.

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LA ORDEN ejecutiva que restringe la entrada a Estados Unidos de gente de al menos siete países de mayoría musulmana, es aún más orwelliana, aunque es difícil de juzgar. La amenaza a cualquier persona originaria de estos países, incluso si están en EE.UU. con una visa válida, es inmediata.

Y por cierto, la orden no propone negar la admisión de bombas, espías y Fuerzas Especiales estadounidenses en Irak, Siria o ningún otro país afectado.

"Los países contra los que [la orden] está dirigida son todos los lugares en los que Estados Unidos está involucrado en guerra, intervención y conflicto imperialistas", señala Suzanne Adely, copresidenta del Comité Internacional del Gremio Nacional de Abogados. "La política interna está siempre vinculada a la política exterior de Estados Unidos, por lo que nuestra organización debe ser anti-bélica y anti-imperialista, así como anti-racista".

Es importante tener en cuenta que las órdenes ejecutivas no tienen la misma autoridad que las leyes aprobadas por el Congreso. Y no está claro cómo, por ejemplo, la directiva de Trump sobre el muro fronterizo será llevada a cabo por la nueva cabeza del DHS, John F. Kelly, quien dijo a los senadores en su audiencia de confirmación que no creía que un muro fuera eficaz contra la inmigración.

Pero el temor que atraviesa hoy las comunidades inmigrantes y musulmanas está bien fundado. El mensaje nacionalista de Trump fue abiertamente islamofóbico y xenofóbico desde el comienzo, y no da señales de retroceder ahora que él es presidente.

Al igual que los partidos nacionalistas de toda Europa, el intento de Trump de apelar al resentimiento de la clase media y de la clase obrera por un sistema corrupto, que él afirma beneficia no sólo a los ricos avaros, sino también a "escurridizos" inmigrantes que toman los trabajos y servicios de aquellos que fueron "nacidos aquí" y por lo tanto "jugaron de acuerdo a las reglas".

Intentando propagar este cáncer dentro de capas más amplias hay fuerzas de extrema derecha, como el principal estratega de la Casa Blanca y ex editor de Breitbart News, Steve Bannon, que empujan ideas explícitamente racistas, como que los musulmanes están en una misión secreta para imponer la Sharia, o que los inmigrantes diseminan enfermedades.

Durante su campaña, Trump rutinariamente amenazó con deportar a los estimados 11 millones de inmigrantes indocumentados en el país, crear un registro para inmigrantes musulmanes y revocar la Acción Diferida por Llegadas Infantiles (DACA, por sus siglas en inglés) – la orden ejecutiva de Obama que creó un estatus legal temporario para muchos de los indocumentados que llegaron a los Estados Unidos siendo menores de edad.

Después de su triunfo, Trump suavizó algunas de estas amenazas, insinuando que no tocaría DACA y llegando a decir en una entrevista que podría limitar las deportaciones a "criminales y personas con antecedentes penales, pandilleros, y traficantes de drogas".

Pero nadie puede descansar tranquilo, especialmente por la banda de trogloditas que Trump está juntando; de Kris Kobach, creador del original del registro musulmán, la infame ley de Arizona "muestra tus papeles" y la supresión electoral del programa de Chequeo Doble Interestatal; al senador ultra-conservador de Alabama, quien el año pasado propuso cinco años de prisión para los indocumentados que ya habían sido deportados una vez.

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AUNQUE ESTAS acciones nos hagan vacilar, es importante recordar el potente mensaje enviado por los millones de personas que participaron en las masivas protestas de la Marcha de la Mujer en Washington y en el país entero: Trump es el presidente más impopular de la historia moderna, y él y los republicanos no representan la opinión de la mayoría de los estadounidenses en una amplia gama de asuntos, incluyendo la inmigración.

Días después de su elección, una encuesta de Quinnipiac mostró un 60 por ciento de apoyo para un "sendero a la ciudadanía" para los inmigrantes indocumentados; el número más alto desde que la pregunta fue formulada por primera vez hace cuatro años. En julio del año pasado, una encuesta Gallup encontró que incluso los votantes republicanos apoyarían más la ciudadanía que un muro fronterizo.

Por supuesto, sabemos que las encuestas no son destino, particularmente después del triunfo de Trump. Además, los sondeos pintan un panorama más sombrío en relación a la prohibición a los musulmanes de ingresan a los Estados Unidos; apoyado por la mitad del país, desafortunadamente.

Pero el punto es que una resistencia a gran escala puede llegar a cambiar la dirección de la marea y detener a Trump en su andén; lo mismo que las mega-marchas por los derechos de los inmigrantes de 2006 bloquearon el paso de la draconiana ley Sensenbrenner, en un momento en que los republicanos también controlaban ambas cámaras del Congreso y la Casa Blanca.

Ya hemos visto vislumbres significativos de tal resistencia en las protestas espontáneas que se apoderaron de las calles de la ciudad de todo el país en los días y noches posteriores al día de la elección y continuando durante el fin de semana pasado.

Los inmigrantes y sus partidarios han estado en la vanguardia de esta lucha. El Movimiento Cosecha está organizando una campaña para convertir cientos de campus universitarios en santuarios para estudiantes y trabajadores indocumentados. Más de 450 iglesias, sinagogas y otras casas de culto se han comprometido a albergar y ayudar a los inmigrantes que huyan de la deportación.

Voz Judía por la Paz está reclutando gente para una red de respuesta rápida para ayudar a movilizar contra crímenes del odio o las provocaciones de Trump. Otras organizaciones locales están montando esfuerzos similares.

Y al terminar el día en que Trump firmó la primera de sus acciones ejecutivas dirigidas a los inmigrantes, miles de personas se reunieron en la ciudad de Nueva York para entonar "¡No a la veda! ¡No al muro!", en una protesta convocada, con poco aviso, por el Consejo de Relaciones Americano-Islámicas.

"Estoy acostumbrada a que diferentes formas de gobierno y administraciones traten de silenciarme, así que es bueno ver a tanta gente aquí peleando", dijo la miembro de la ISO, Sumaya Awad, a un reportero del Huffington Post. "Esperemos que esta resistencia organizada continúe mañana, y la próxima semana, y la semana después".

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ESA VISIÓN a largo plazo será necesaria para contrarrestar la creciente preferencia de la administración Trump por las tácticas de "choque y pavor". Así, una publicitada campaña de redadas de inmigración podría, como escribió David L. Wilson para Jacobin el mes pasado, apelar a ambos, la muñeca de Trump para el espectáculo mediático y al entendimiento de sus asesores de que su programa de despiadada austeridad no será popular.

"Si los republicanos esperan implementar su agenda económica frente a esa oposición", escribió Wilson, "tendrán que aplicar alguna combinación de distracción y represión... Un programa de deportaciones masivas encajaría con esa táctica".

Frente a estos peligros, hay importantes discusiones entre activistas y simpatizantes sobre la necesidad de enfatizar la resistencia más que el cabildeo. Como la directora ejecutiva de Causa Justa, Maria Poblet, dijo a Sarah Lazare de Alternet, en diciembre:

En este momento político, más que en ningún otro, las grandes organizaciones de Washington DC que están orientadas a obtener la mejor política posible de la Casa Blanca no van a tener soluciones. Hay una necesidad de encarar a las comunidades afectadas ahora mismo, de construir el frente más amplio posible para abordar los ataques contra los inmigrantes y elevar nuestra humanidad compartida.

En conclusión, Lazare sacó este punto: "En entrevistas con organizadores de base que trabajan con personas indocumentadas en todo el país, AlterNet escuchó repetidamente que la tarea ahora no es peticionar o persuadir al gobierno de Trump, sino fortificar las comunidades locales y coordinar la resistencia a nivel nacional, con el fin de imponer la defensa más eficaz y estratégica de las personas en riesgo".

También es hora de cuestionar el apoyo incondicional que gran parte del movimiento dio al Partido Democrático que, durante los últimos ocho años, construyó el mecanismo de las deportaciones, los centros de detención de refugiados y las políticas de visado islamofóbicas que Donald Trump toma ahora a su cargo.

Fue Obama quien formuló la política de deportación masiva de "criminales, no familias" que Trump abrazó, construida deshumanizando a las personas con antecedentes penales en un país donde el encarcelamiento en masa es un hecho de la vida para muchas personas de color.

Después de las elecciones, cuando era evidente que el próximo presidente iba a ser un nacionalista de línea dura, el gobierno de Obama podría haber tomado medidas para atar las manos de Trump; como haber extendido la orden que detiene a las empresas privadas de mantener prisiones federales para incluir a los centros de detención de inmigrantes también. O emitir indultos a todos los beneficiarios de DACA. O simplemente bloquear a la administración entrante de acceder a sus registros personales.

Obama optó por no hacer nada de esto.

"Muchas personas no olvidarán que 3 millones de personas fueron deportadas bajo la administración Obama, o que un número incalculable de niños, huyendo de conflictos a los que Estados Unidos ha ayudado a alimentar, languidezcan en los centros de detención", dice Suzanne Adely, del Gremio Nacional de Abogados.

"Muchos de nosotros vamos a avanzar a toda velocidad para organizar, defender y resistir contra Trump", continuó Adely. "Pero, citando al periodista Anand Gopal en su discurso contra la inauguración en Washington, 'resistir a Trump significa resistir el sistema que lo hizo posible'".

Tenemos que construir los movimientos por la plena igualdad de los inmigrantes y los musulmanes en la era Trump sobre la base de la justicia, y nada menos.

"No debemos permitir que el miedo decida lo que haremos durante los próximos cuatro años", dijo un orador, que se identificó como indocumentado, en la manifestación contra la orden ejecutiva de Trump. "Nosotros vemos la oportunidad para iniciar un movimiento que puede cambiar este país por los próximos cien años".

Alan Maass contribuyó a este artículo. Traducido por Orlando Sepúlveda.