La elección en otra dimensión

En las primarias presidenciales, mientras los republicanos se atoran a la derecha, los demócratas esperan ganar votos sólo por ser el mal menor.

The Twilight Zone election (Eric Ruder)

DESPUÉS DE una interminable pre-temporada, la primaria del Partido Republicano para determinar a su candidato presidencial parece que concluirá rápidamente, con Mitt Romney como el ganador, después de sólo dos comicios--en Iowa y New Hampshire. Pero dos han sido más que suficiente para ver a los republicanos en toda su tóxica monstruosidad.

A cada paso, Mitt Romney y los otros candidatos han estado compitiendo para ser el más intolerante, el más reaccionario, y el más desconectado con las preocupaciones de la gente común. Es como si vinieran de una dimensión diferente, una dónde el desempleo no cuelga con terquedad y donde la mitad de la población no vive en la pobreza, ni rasguña con salarios de hambre.

Sin lugar a dudas, los republicanos son una horda peligrosa. Pero eso es exactamente a lo que Barack Obama y el Partido Democrático apuestan para implementar su estrategia de ser el partido de "si-tienes-un-problema-con-nosotros-sólo-míralos-a-ellos".

Por los próximos 10 meses, seremos sometidos a una incesante campaña para votar por los demócratas, no por lo que han hecho por la gente de trabajo y los pobres--ya que no han hecho casi nada--sino porque son menos repugnantes que los trogloditas republicanos.

Pero como antes, esto oculta una realidad fundamental acerca del sistema político estadounidense: Los demócratas no representan los intereses de la gran mayoría en EE.UU., sino que forman parte, con los republicanos, de establecimiento político bipartidista que concuerdan en mucho más de lo difieren.

Este establecimiento, sin importar que bando esté a cargo en un momento dado, opera, en palabras de Marx y Engels, como "un comité que maneja los asuntos comunes de toda la burguesía".

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LA PRIMARIA de New Hampshire de esta semana tuvo pocas sorpresas. Mitt Romney se impuso con un cómodo margen, y Ron Paul llegó en segundo lugar, lo suficiente atrás como para que sólo sus más acérrimos seguidores crean que aún tiene posibilidades de ganar la nominación.

Mucho más notable de estos resultados fue el fanatismo desplegado a toda marcha durante la campaña de los candidatos.

El favorito, Mitt Romney, emulando a Donald Trump, dijo en un discurso, "Me gusta ser capaz de despedir a la gente." La campaña de Romney y algunos de sus oponentes afirmaron que la cita fue tomada fuera de contexto, pero más bien parece una sincera e inesperada autoevaluación de un hombre que se hizo asquerosamente rico con una firma de adquisición corporativa llamada Bain Capital.

Mientras tanto, Newt Gingrich--el favorito por unos breves días en diciembre antes de hundirse a un triste cuarto lugar en Iowa y New Hampshire--emitió un bizarro desafío a la NAACP, diciendo: "Estoy preparado, si la NAACP me invita, a ir su convención y hablar de por qué la comunidad afroamericana debe exigir salarios, y no quedar satisfecha con cupones de alimentos". Esto luego de sugerir el mes pasado una revisión de las leyes de trabajo infantil para permitir a los niños "pobres" (léase "Negros"), trabajar limpiando sus escuelas para aprender "valores".

Para no ser menos, el último favorito de la derecha cristiana, Rick Santorum, también tuvo un mensaje para los afroamericanos: "No quiero hacer la vida de la gente negra mejor dándoles el dinero de otros. Quiero darles la oportunidad para salir y ganarse ese dinero". Luego, Santorum reculó, afirmando que nunca usó la palabra "Negro" (Black, en inglés), sino que hizo un ruido confuso que salió como "blarrgh". ¡Y esa fue su defensa!

Al final, no fue una sorpresa que Romney, quien posee una casa de verano en New Hampshire y que hizo una fuerte campaña allí, y que sigue teniendo una enorme ventaja en recaudación de fondos sobre sus rivales, terminó como el ganador. Eso, a pesar de un aluvión de ataques publicitarios por parte de sus oponentes, especialmente Gingrich, por su tiempo en Bain Capital, cuando la empresa hizo grandes sumas de dinero comprando empresas, "re-estructurándolas"--eso es, despidos masivos y despojándolas de sus activos--y para luego venderlas.

Los rivales de Romney cínicamente lo atacaron por "saquear" empresas. Gingrich llegó a preguntar, retóricamente: "¿Es el capitalismo realmente acerca de la capacidad de un puñado de ricos de manipular la vida de miles de otras personas e irse con el dinero?"

Bueno... sí. Eso es exactamente de lo que el capitalismo se trata, y cada candidato republicano lo sabe. Todos ellos tienen sus propios vínculos con dinero de las empresas--por ejemplo, los $1,6 millones de Gingrich en "pagos de consultoría" por el gigante hipotecario Freddie Mac. Él, Rick Perry y el resto podrán hablar todo lo que quieran acerca de capitalismo carroñero, pero cualquiera que tenga ojos para ver puede decir que todos ellos son los buitres.

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POR SUPUESTO, por cada golpe entre ellos, los candidatos republicanos tiran muchos más a Barack Obama, el socialista encubierto que practica la "guerra de clases" y quiere "castigar el éxito".Pero al comparar su salvaje retórica con el verdadero récor de Obama y los demócratas emerge la pregunta: ¿Han los republicanos cruzado un umbral hacia a otra dimensión?

Una mirada superficial a los últimos tres años de Obama en la presidencia muestra la radical disparidad entre el "cambio" que prometió en el 2008 y las políticas que ha llevado a cabo.

Los demócratas, ocasionalmente, pagan tributo oral a la clase obrera hablando de la codicia empresarial o de las "dificultades" que enfrentan las familias obreras--y como siempre, mucho más a medida que las elecciones se aproximan. Pero cuando se trata de políticas reales, todo lo que supuestamente ha sido un avance para los trabajadores y los pobres--como la "ayuda" con la hipoteca o la reforma de la salud--ha sido implementado con un sinnúmero de condiciones y concesiones, mientras que las dádivas a las corporaciones han sido sin límites.

Cualquier persona que se pregunte por qué esto, debe echar una mirada más cercana a la gente con la que Obama ha decidido rodearse, desde el inicio de su presidencia.

Por ejemplo, esta semana, la Casa Blanca anunció que Bill Daley, jefe del gabinete de Obama el año pasado y un ex miembro de los comités ejecutivos de JPMorgan Chase y del Consejo de Relaciones Exteriores, dejaba el cargo y sería re-emplazado por Jack Lew, jefe de la Oficina de Administración y Presupuesto.

Esto no es una movida a la izquierda. Daley no deja el cargo debido a un desacuerdo con la dirección ideológica de la administración, sino a asumir un rol protagonista en la campaña de re-elección de Obama, en la que sus vínculos con el empresariado serán muy útiles para obtener grandes donaciones de las corporaciones estadounidenses.

Tampoco es Lew una especie de radical. Entre otras cosas, él fue el director de operaciones de la unidad de Inversiones Alternativa de Citigroup. Como Glenn Greenwald de Salon.com señaló: "por su trabajo en Citigroup, un trabajo que incluyó apostar sobre el colapso de los bienes raíces, Lew recibió un salario de $1,1 millones. Después que Citigroup recibió 45 mil millones dólares de su rescate económico, Lew--dos semanas antes de incorporarse a la administración Obama--recibió otros 900.000 dólares de Citigroup en bonos".

Lew tiene simpatizantes entre algunos prominentes republicanos--como el líder republicano de la cámara baja, Eric Cantor, quien dijo a Político en el 2010: "Nadie estaba más preparado y más en sintonía con los números de Jack Lew. Él fue siempre muy cortés y respetuoso en su tono de voz, y alguien del que puedo decir que está muy comprometido con sus principios".

Muchos liberales tratarán de decir en los próximos meses que Barack Obama, en su corazón de corazones, quiere apoyar el matrimonio gay, en vez de públicamente oponerse. Que, en el fondo, él que quiere desafiar a los banqueros, en lugar de rescatarlos. Que fervientemente busca que la clase obrera tenga acceso a la salud, en lugar de que las compañías de seguros lo tengan a las ganancias. Y lo excusarán--que sus asesores lo han llevado por mal camino, o que los republicanos lo han saboteado.

Pero por sobre todo, escucharás el repiquetear del "mal menor". Que no importa qué tan decepcionado estés de Obama, tienes que votar por él contra los republicanos.

Los demócratas saben que éste es su as bajo la manga. Como Obama mismo dijo en una entrevista acerca de las críticas liberales a su gobierno: "les digo lo que Joe Biden dice: 'No me juzgues como el Todopoderoso, considera la alternativa'".

Aceptar esta lógica significa aceptar que la política deba mantenerse dentro de los estrechos confines permitidos por el sistema político bipartidista. Matt Taibbide la revista Rolling Stone capturó perfectamente esta dinámica:

Hay diferencias obvias, aun significativas, entre Obama y alguien como Mitt Romney, sobre todo en temas sociales, pero no importa cómo Obama se presente esta ocasión, la elección entre estos dos no representan de manera alguna una elección entre el "cambio" y el estatus quo. Esta es una elección entre dos diferentes versiones del estatus quo, y todo el mundo lo sabe.

El año pasado, el movimiento Ocupa mostró a la gente un significado diferente de la democracia--una alternativa que de verdad representa un cambio; una alternativa que no enfocada en la elección de tal o cual político, sino en retar al sistema en su totalidad.

Ese es el tipo de política que debemos estar construyendo de este nuevo así como las elecciones se aproximan.

Traducido por Orlando Sepúlveda