Desatando una ola de odio

Árabes y musulmanes--y a veces simplemente aquellos que parecen serlo--se han llevado la peor parte de una oleada de crímenes motivados por prejuicios racistas y por las políticas asociadas con la guerra contra el terror.

Islamophobic vandalism found last week covering a grave in Evergreen Park, IllinoisIslamophobic vandalism found last week covering a grave in Evergreen Park, Illinois

LA PÚTRIDA cosecha del racismo institucional contra árabes y musulmanes es cada día más evidente, y con terribles resultados para una comunidad bajo asedio.

Luego de la masacre tiroteo en un templo sij en Oak Creek, Wisconsin, varios otros detestables ataques han sucedido contra varias mezquitas y centros islámicos en Estados Unidos. Y aunque que los sijs no son musulmanes, el turbante que usan los varones ha hecho que esta comunidad y sus templos también sean blanco frecuente de amenazas y violencia racistas.

Tales ataques no ocurren en el vacío, sino que están contextualizados por la retórica cada vez más tóxica de los republicanos, empeñados en demonizar a los musulmanes, y apoyados por la industria de odio anti-musulmán de la extrema derecha. Pero los demócratas no se pueden lavar sus manos, tampoco. El establecimiento bipartidista podrá no ser abiertamente racista, pero los demócratas se satisfacen con dejar que la demonización de árabes y musulmanes vaya sin respuesta. Ambos partidos justifican la invasión y ocupación de Irak y Afganistán con la "guerra contra el terror", y pocos políticos demócratas están dispuestos a arriesgarse a ser vistos como "suaves".

Así que no es de extrañar que los fanáticos y criminales anti-musulmanes piensen que tienen luz verde.

Un reporte del 14 de agosto en Salon.com listó ocho incidentes violentos en sólo 11 días, incluyendo vandalismo, una bomba química casera y un incendio. En un acto grotesco, una mujer tiró patas de cerdo a la entrada del propuesto Centro Islámico Al-Nur en Ontario, California.

En otro incidente, que salió a la luz después del reporte de Salon, un grafiti anti-Islam fue descubierto profanando una tumba musulmana en Evergreen Park, Illinois. La tumba ha sido desfasada al menos seis veces en los últimos 16 meses con símbolos racistas, según las autoridades.

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AL IGUAL que con otras luchas contra el racismo, el factor decisivo en la erradicación de la violencia anti-musulmán y anti-árabe será un movimiento que se levante en defensa de estas comunidades oprimidas. Pero para tener éxito, el movimiento tendrá que desafiar no sólo a los neonazis, como el pistolero Wade Michael Page de Oak Creek, sino también a las poderosas fuerzas políticas que incitan esa violencia.

Entre los principales traficantes de odio está la representante republicana Michele Bachmann de Minnesota. Recientemente Bachmann, quien parece ver un yihadista detrás de cada puerta, acusó a prominentes figuras, incluyendo a Huma Abedin, asistente de la Secretaria de Estado Hillary Clinton, y al representante demócrata Keith Ellison, el primer miembro musulmán del Congreso, de tener oscuros lazos con la Hermandad Musulmana de Egipto. Según Bachmann, la Hermandad está trabajando para "la desaparición de Estados Unidos". A Bachmann se le han sumado diversos congresistas republicanos, así como comentaristas y líderes de grupos conservadores.

Bajo este clima de odio, gente del Medio Oriente o de ascendencia árabe--o simplemente quienes parezcan serlo, incluidos sud-asiáticos--se convierten en blancos fáciles.

No es sorpresa, por ejemplo, que varios de los recientes crímenes contra árabes y musulmanes se hayan concentrado en los suburbios de Chicago, sólo días después de que el congresista, Joe Walsh, celebró una asamblea, de mayoría blanca, donde "advirtió" a una muchedumbre de sus simpatizantes:

Estoy buscando hombres y mujeres de Dios en el Senado, en el Congreso, que se interpongan al peligro del Islam en América sin corrección política. El Islam no es la religión de paz y amor de la que oímos hablar... [H]ay una cepa radical del Islam en este país... tratando de matar a americanos cada semana.

Walsh, así como otros políticos, usan este tipo de retórica descaradamente para solapadamente movilizar el sentimiento racista y fomentar la participación electoral de la ultra derecha. Este enfoque les permite nunca tener que responder preguntas verdaderamente relevantes para la gente común: cómo arreglar la economía, cómo pagar por la salud, cómo crear buenos empleos y escuelas.

Cuatro días después de su verborrea racista, su impacto quedó claro. En Morton Grove, Illinois, David Conrad disparó su rifle sobre una mezquita vecina a su casa, donde unos 500 feligreses se congregaban para las oraciones vespertinas. Dos días más tarde, una botella llena de químicos estallaba estruendosamente en una escuela islámica de Lombard, Illinois, luego de que alguien la arrojara.

Como la periodista Ghazala Irshad, que asistió a la mezquita en Morton Grove en su niñez, escribió: "Mi hermana pequeña se pregunta si tendrá que usar un chaleco a prueba de balas durante las oraciones Eid. Si esto no es terrorismo, entonces no sé qué lo es".

Joe Walsh podrá ser un extremista intransigente, pero es uno increíblemente poderoso--como miembro del Congreso, él se sienta en el Comité de Seguridad Nacional.

Como el representante chicagüense del Concejo de Relaciones Americano-Islámicas, Aymen Abdel Halim, dijo a ABC 7 Chicago, las palabras de la gente como Walsh son directamente responsables por dejar correr sueltos a los perros rabiosos:

Lo que hemos visto es una tendencia, en tiempos de elecciones, donde hay un aumento del sentimiento anti-musulmán, una retórica anti-islámica regurgitada por varias figuras y funcionarios públicos, que contribuye a estos actos de violencia. Necesitamos que nuestros funcionarios públicos se opongan a ello. Necesitamos que salgan y rechacen estos actos. Podrá haber algunas cuestiones que [los musulmanes] deben abordar, pero una comunidad de 1,5 millones de personas no es responsable del crimen de unos pocos.

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EL ASALTO derechista contra los árabes y los musulmanes está siendo promovido no sólo por lunáticos como Walsh. Los políticos como él siguen el ejemplo de la industria del odio encabezada por tóxicos racistas como Pamela Geller y Robert Spencer.

Actualmente, Geller y Spencer--dos de los más prominentes opositores de la "Mezquita de la Zona Cero", en Nueva York--están financiando anuncios pro-israelíes en los autobuses de San Francisco que leen: "En una guerra entre el hombre civilizado y el salvaje, alíate al civilizado". Un tribunal ha despejado el camino para que esos anuncios aparezcan en los buses en Nueva York, también.

Pero en una positiva señal, una protesta pública obligó a la Agencia Municipal de Tránsito de San Francisco a contrarrestar con su propia proclama, visible en los autobuses, diciendo que es su "política es prohibir la discriminación basada en el origen nacional, la religión u otra característica, y condena las declaraciones que describen cualquier grupo como 'salvajes'".

La agencia también anunció que el dinero de la venta de los anuncios será donado a la Comisión de Derechos Humanos de San Francisco, y varios "artistas" anónimos han escrito sobre los anuncios las palabras "discurso de odio"--y más.

Según el Southern Poverty Law Center, que da seguimiento a los crímenes de odio y los grupos de odio en EE.UU., los últimos años han visto un aumento en tales crímenes contra musulmanes como resultado del tipo de retórica de Geller y otros:

Crímenes anti-musulmanes aumentaron en un 50 por ciento en 2010, muy por alto de los niveles de 2009, un año marcado por una incendiaria retórica anti-islámica por parte de políticos y activistas involucrados en atacar a la así llamada "Mezquita de la Zona Cero" en Nueva York.

Aunque es sabido que las estadísticas nacionales compiladas por el FBI cada año subestiman el nivel real del crimen de odio, éstas ofrecen indicios de algunas tendencias. Muestran un aumento de 107 a 160 en los crímenes contra musulmanes del año 2009 al 2010, pareciendo reflejar las consecuencias del auge de la retórica anti-musulmán por grupos como Detener la Islamización de América... [Éste] fue el más alto nivel de crímenes anti-musulmanes desde 2001, el año de los ataques del 11, cuando el FBI reportó 481 tales crímenes...

No se puede demostrar con precisión cómo la odiosa retórica de las figuras públicas impulsa la violencia criminal. Sin embargo, la evidencia anecdótica sugiere que la relación es estrecha.

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PERO LA discriminación contra las comunidades musulmanas y árabes no está asociada únicamente a la derecha.

También es alimentada por las guerras demócratas en el extranjero, con su tácita demonización de árabes y musulmanes, así como por su vacilación en defender los derechos de las comunidades oprimidas.

Como Deepa Kumar señala en Islamofobia y la Política del Imperio:

A nivel nacional, [el presidente Barack] Obama ha atacado a musulmanes y árabes al continuar la política de Bush en la tortura, entregas extraordinarias y persecución preventiva. Los musulmanes americanos siguen siendo hostigados y perseguidos por el Estado. El drama de "terrorismo interno" se ha sólo acentuado bajo Obama en 2009, allanando el camino de los guerreros anti-islámicos ultra-derechistas.

De hecho, la vigilancia estatal, el hostigamiento y la intimidación de las comunidades árabes y musulmanas por parte de quienes aplican la ley es un esfuerzo totalmente bipartidista, y agentes del FBI han enviado informantes haciéndolos pasar por conversos que luego tratan de engatusar a los feligreses con habladurías de "guerra santa" y "Osama".

Esta semana, un informe de Prensa Asociada señaló:

En más de seis años de espiar los barrios musulmanes, de escuchar conversaciones y registrar mezquitas, nunca la secreta Unidad Demográfica del Departamento de Policía de Nueva York generó una pista o desencadenó una investigación de terrorismo, como los reconoció el Departamento en un testimonio judicial revelado el lunes.

La Unidad Demográfica, según la policía, estaba supuesta a servir como un "sistema de alerta temprana" contra el terrorismo, pero en realidad sirvió como un sistema de acoso, y fue modelo para otros departamentos de policía en Estados Unidos. El abogado de libertades civiles Jethro Eisenstein la describió como "un terriblemente pernicioso conjunto de políticas. Ningún otro grupo, desde los japoneses-americanos durante la Segunda Guerra Mundial, ha sido objeto de este tipo de generalizada política pública".

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LA COMPARACIÓN es muy importante. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los japoneses-americanos fueron encerrados como parte de la política oficial en tiempos de guerra, los efectos del racismo institucional anti-japonés fueron similares. La extrema derecha circuló "licencias para cazar japoneses". Una encuesta de 1944 de Gallup mostró que una parte significativa de la población de EE.UU. (13 por ciento) estaba a favor del exterminio de todos los japoneses--cada hombre, mujer y niño.

Hoy en día, de manera similar, árabes y musulmanes han sido declarados enemigo público número uno en la guerra contra el terror, con ocasionales teatrales juicios de terrorismo, como el de los Cuatro de Newburgh o el de Tarek Mehanna--quienes claramente no son terroristas por cualquier definición convencional, pero que son entrampados por fiscales buscando marcar baratas victorias políticas.

Una encuesta de Gallup de 2010 encontró que el 53 por ciento de los estadounidenses tiene una opinión desfavorable del islam. Y en una encuesta del mismo año del Washington Post-ABC News, el 31 por ciento de los encuestados dijo que la corriente principal del Islam "fomenta la violencia".

Y si bien hoy puede que no haya "licencias para cazar musulmanes" (al menos no en la sociedad "educada"), los racistas buscando una dosis de adrenalina pueden participar en una recreación de la muerte de Osama bin Laden (en la comodidad de St. Paul, Minnesota, para aquellos que no quieran ir a Pakistán), y todo por el módico precio de $325.

Como parte de la experiencia, el ex Navy Seal Larry Yatch, que dirige la galería de tiro, les dice a sus aspirantes a soldados apuntar "entre el bigote y el turbante".

Piensa en eso. Un ex Navy Seal vendiendo una "aventura" a gente que llega a disparar y "matar" por deporte a un hombre con turbante y ropas del Medio Oriente.

¿Estamos realmente tan sorprendidos cuando la línea entre la retórica y la política oficial desborda en actos de odio racista que aterrorizan a las comunidades, e incluso cobran vidas?

Cuando un hombre armado abrió fuego contra un cine lleno de gente en Aurora, Colorado, en julio, Barack Obama y la primera dama Michelle Obama hicieron visitas por separado a las víctimas y sus familias en duelo. Pero para las familias de los muertos en el templo sij en Oak Creek no ha habido visitas similares, ni de Obama, ni de Mitt Romney.

"¿Por qué ellos no se manifiestan en algún momento?" preguntó Amardeep Kaleka, cuyo padre fue asesinado en el ataque al templo sij. "Una proclama de apoyo a todo el mundo por ahí que alguna vez haya sido robado o asesinado a tiros o se ha enfrentado a este odio". Y agregó:

Si se tratara de una iglesia cristiana y fuera un tirador sij, estoy bien seguro de que tendríamos una respuesta diferente, si la situación fuera exactamente igual a lo que sucedió. Eso es muy triste, porque tendríamos innegable recursos y acciones del gobierno, o al menos una muestra de apoyo. Aquí apenas tenemos un apoyo del gobierno federal o del gobierno local.

Kaleka no está equivocado. Hay un no muy sutil mensaje siendo enviado: algunas víctimas son dignas de duelo oficial, otras no lo son. Algunas vidas valen más que otras.

Este tipo de clima abre la real posibilidad de nuevos ataques. Tenemos que hacer todo lo posible para hacer frente a este clima de odio oponiéndonos a los políticos que ayudan a alimentarlo y mostrando nuestra solidaridad con los hermanos y hermanas árabes, sijs y musulmanes, y con cualquier otro que se convierta en blanco del racismo.

Traducido por Orlando Sepúlveda