Por el abismo de la austeridad

Detrás de la fanfarroneada política en Washington, el acuerdo bipartidista es que los trabajadores tendrán que soportar el peso reducir el presupuesto.

John Boehner and Barack Obama (Rachel Whitt)

LA GENTE que trató de imponer a Mitt Romney ahora está buscando un acuerdo presupuestario que ataca al Seguro Social y Medicare--y el presidente Barack Obama los sale a recibir a medio camino.

No importa que millones hayan salido a las urnas con el expreso propósito de parar a Romney y los republicanos de llevar a cabo este tipo de ataques. Los recortes vendrán de todos modos, de la mano de Obama, a menos que los trabajadores organicen en sus sindicatos, comunidades y otras organizaciones para exigir que los banqueros y ejecutivos que causaron esta crisis paguen por ella.

Seguro, el presidente se reunió con los líderes sindicales el 12 de noviembre para asegurarles que él mantendrá la línea de defensa de los así llamados "derechos"--los programas para los cuales abrumadoramente la gente obrera es elegible cuando envejece. Los líderes sindicales surgieron de la reunión declarando que el presidente apoya su llamado a defender el Seguro Social y Medicare.

Pero el empresariado tuvo la última palabra, literalmente. El día después de que los funcionarios sindicales estuvieron en la Casa Blanca, una selección estelar de ejecutivos descendió sobre Obama para impulsar su plan de recortes presupuestarios, destinados a reducir aún más de lo poco que queda de la red de seguridad social en Estados Unidos.

Duncan Niederauer, director ejecutivo de NYSE Euronext, quienes operan la Bolsa de Nueva York, dijo que el empresariado quería que las cosas hechas a su manera, o... "Simplemente no invertiremos en Estados Unidos", dijo a un reportero. "Estaremos invirtiendo en lugares donde tengamos más certeza de los resultados".

Por su parte, Obama dijo en una conferencia de prensa el 14 de noviembre que él está decidido a dejar los impuestos subir para los más ricos. Dijo esto al inicio de su primer mandato también, y luego se rindió ante las demandas republicanas de prorrogar de los recortes fiscales de la era Bush, incluso para los muy ricos.

Obama podría aguantar por más tiempo esta vez. Pero el presidente dejó en claro que él está dispuesto a aceptar grandes recortes al gastos: "No espero que los republicanos simplemente adopten mi presupuesto Eso no es realista Así que reconozco que vamos a tener que hacer compromisos. Y como dije la noche de las elecciones, hacer compromisos es difícil. No todo el mundo recibe el cien por ciento de lo que quiere, y no todo el mundo va a estar muy feliz".

Increíble, pero previsiblemente, ninguno de los amansados reporteros de la Casa Blanca preguntó al presidente acerca de la contradicción entre su promesa electoral de proteger el Seguro Social y Medicare y su declarado deseo de llegar a un "compromiso" con los republicanos para reducir el déficit, a costa de precisamente estos programas.

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LAS LÍNEAS generales del denominado "gran acuerdo" entre demócratas y republicanos han sido conocidos desde agosto de 2011, cuando Obama propuso un acuerdo al líder de la Cámara Baja, el republicano John Boehner, para recortar el déficit en $4 billones en 10 años, en parte tajando Medicare y exprimiendo los beneficios del Seguro Social. Fue sólo por la oposición del caucus republicano de la Cámara, alineado con el Tea Party, que el acuerdo se vino abajo.

El resultado fue un compromiso que conducirá a lo que ahora se conoce como "fiscal cliff" (abismo fiscal), un acuerdo para dejar que los recortes fiscales de la era Bush expiren, junto con imponer un recorte de 10 por ciento a todo el gasto público, si el Congreso no toma alguna acción antes del 31 de diciembre. El impacto económico de estas medidas, en medio de una aun débil recuperación, podrían ser severos. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso, la economía de EE.UU. podría contraerse un 0,5 por ciento en 2013, en comparación con el 2 por ciento que la mayoría de los economistas predicen.

Si parece una locura jugar con la economía estadounidense de esta manera es porque es una locura. Pero hay una lógica política detrás: hacer parecer como si no hubiera más remedio que llevar a cabo un radical programa de austeridad.

Este es exactamente el método que EE.UU. utiliza cuando instruye al Fondo Monetario Internacional forzar a un gobierno subdesarrollado a hacer brutales recortes al gasto social. Es lo que las autoridades europeas están haciendo en Grecia, donde las medidas de austeridad son requeridas para obtener un rescate de la deuda. El mensaje básico es el lema de la ex premier británica Margaret Thatcher: "No hay alternativa".

Hay, por supuesto, diferencias entre Obama y los republicanos en cómo llevar a cabo la austeridad. Los republicanos, cuyo eslogan político es la total oposición al incremento de impuestos, sobre todo para los ricos, buscan que todo el dolor caiga sobre la clase obrera. Obama quiere extender el dolor por un período más largo y restaurar mayores tasas de impuestos a las familias que ganan más de $250.000 por año. Sin embargo, los impuestos de los más ricos no volverían a nada cercano a su punto alto en los años 1950 y 1960, sino a los moderados niveles de la era Clinton.

La voluntad de Obama de cortar un acuerdo con los republicanos puede venir de sorpresa para muchos, pero el presidente se ha esmerado en hacer este tipo de acuerdo desde que asumió el cargo en 2009. F En aquel entonces, el déficit presupuestario explotó no sólo debido a los terribles efectos de la recesión--la caída de los ingresos tributarios y un aumento en la tasa de desempleo-- sino porque el gobierno federal, a través del rescate bancario y otras medidas, trajo cientos de miles de millones de deuda del sector privado a los libros públicos.

Según un recuento del Centro por Medios y Democracia, el costo total del plan de rescate financiero incluye $4,76 billones, otros $13,87 billones dólares que podrían ser en riesgo, y $1,54 billones en circulación. En contraste, el total de la producción económica de EE.UU. en 2011 fue de poco más de $15 billones.

Pero los banqueros y los empresarios no tienen vergüenza de exigir sacrificios del resto de la población. Y cuando el triunfo republicano en las elecciones de 2010 dio el control de la Cámara Baja a la derecha, Obama tuvo la cobertura política para proponer el acuerdo presupuestario que los empresarios habían estado exigiendo durante años. El periodista del Washington Post Bob Woodward relató el esfuerzo en su libro The Price of Politics. El presidente, dijo, abogó por "no hacer nada demasiado drástico en el año 2012" –un año de elecciones, después de todo--"luego, medio duras medidas en 2013 en el gasto... y luego, hacerse cargo de los derechos a largo plazo".

"Derechos a largo plazo" es un eufemismo para referirse al Seguro Social y a Medicare, y significa aumentar la edad de elegibilidad para personas mayores y reducir los beneficios de ambos programas. Obama sí propuso aumentar los impuestos, pero también propone tres dólares en recortes por cada dólar en nuevos impuestos.

Al comparar la propuesta de Obama con la de los conservadores demócratas "Blue Dog" (Perro Azul), Woodward escribió: "Su Perro Azul se ha levantado; bajo este marco, habrá dolor para todos".

En campaña, por supuesto, Obama repetidamente atacó a Romney y a su compañero de fórmula, Paul Ryan, por querer destruir Medicare. Pero Obama fue más sincero en una entrevista con el Des Moines Register: "Estoy absolutamente seguro de que podemos conseguir el equivalente de la gran acuerdo que he estado ofreciendo a los republicanos por mucho tiempo. Eso es, $2.50 dólares en recortes por cada dólar de gasto, y trabajar para reducir los costos de nuestros programas de salud".

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TODO ESTO no caerá bien a los millones de personas que rescataron a Obama de la derrota política, votando a pesar de los primeros cuatro años de su mandato.

Van Jones, destituido como asesor de la Casa Blanca en asuntos del medio ambiente y cofundador de la organización Rebuild the Dream, declaró recientemente:

Todavía estamos en pie de combate, porque sabíamos que teníamos que ganar a la política en noviembre y luego en la economía en diciembre. Los progresistas que nos lanzamos de cabeza por el presidente en los últimos 24 meses, y en especial los últimos seis, no estaremos muy felices si él da la media vuelta y aserrucha el Medicare, Medicaid y el Seguro Social en búsqueda de algún equivocadamente llamado "gran acuerdo".

Pero la pregunta es qué están dispuestos a hacer al respecto los sindicatos y los grupos progresistas. Max Richtman, titular de la Comisión Nacional Preservar el Seguro Social y Medicare, patrocinada por el movimiento sindical, dijo que Obama aseguró a los líderes sindicales que "todo ahorro que salga de estos programas no vendrá de beneficiarios ni ciudadanos, sino que estaría centrado en los proveedores".

Ciertamente que hay buenas razones para exprimir a los proveedores de atención de salud, quienes ponen las ganancias por delante de atención al paciente. Pero los proveedores, la industria de la salud, simplemente ofrecerán un peor servicio como resultado, lo que llevará a un racionamiento de la atención de salud para los beneficiarios de Medicare.

Peor aún, el "compromiso" Obama en Medicare y Seguro Social ni siquiera comienza a abordar el problema de la histórica disminución en los ingresos fiscales de corporaciones e individuos ricos, quienes tienen el dinero para realmente hacer frente el déficit presupuestario.

Y la noción de recortar el gasto militar--$554 millones de dólares en 2012--para canalizar recursos hacia las necesidades humanas es innombrable en Washington. Obama and Romney both made a point of saying in their debates that they want to lower the corporate tax rate. Obama y Romney ambos dijeron en sus debates que quieren bajar el impuesto a las corporaciones.

El dinero para resolver el déficit presupuestario está. El reto ahora es construir un movimiento que rechace la noción de "sacrificio compartido" y ponga la presión sobre el 1 por ciento, los responsables de la recesión y la miserable recuperación.

Traducido por Orlando Sepúlveda