Aborto no es una mala palabra

Quienes defienden el derecho al aborto no deben preocuparse de etiquetas, sino del estado de la lucha.

Planned Parenthood says it's giving up the "pro-choice" label

"LA MAYORÍA a mayoría de las cosas en la vida no son simples. Y esto incluye el aborto... ¿Pro-opción? ¿Pro-vida? Lo cierto es que estas etiquetas limitan la conversación y simplemente no reflejan cómo la gente siente acerca del aborto".

Así dice el video de "No en sus zapatos", una nueva campaña publicitaria de Planned Parenthood--una institución proveedora de servicios de salud reproductiva, incluyendo abortos--para explicar por qué está abandonando las etiquetas de "pro-opción" y "pro-vida" (pero, seamos sinceros, especialmente "pro-opción").

Supuestamente, la decisión de Planned Parenthood responde a los cambios en la opinión pública, de la cual sólo una minoría apoya el derecho de una mujer a optar por un aborto sin restricciones. La medida también pretende proteger a la institución de los ataques por parte de la derecha. En todo el país, los legisladores republicanos están empeñados en reducir los fondos de Planned Parenthood hasta la quiebra, para así avanzar su asalto contra el derecho al aborto.

Bajo este asedio, es comprensible que Planned Parenthood, y otros, se sientan amenazados, pero el retiro del rótulo "pro-opción" no detendrá estos ataques, sino que cede más terreno a la derecha cuando una oleada de nuevas leyes y restricciones amenazan con cerrar los pocos proveedores de aborto que restan en Estados Unidos.

El aborto debe ser un derecho de cada mujer, sin restricciones y sin excusas. Concesiones como la de Planned Parenthood, ya sea por cuestiones ideológicas o propuestas específicas, sólo permiten a la derecha avanzar más en su afán por hacer el aborto inaccesible, por no decir ilegal.

Tenemos ahora una oportunidad para reconstruir la lucha por el derecho al aborto. Las encuestas de opinión muestran que el ataque derechista, junto con el despotrique misógino en defensa de violadores de los republicanos durante la campaña electoral del año pasado, ha horrorizado a un gran número de personas, revirtiendo el constante declive del número de personas que dicen estar a favor de Roe vs. Wade, la decisión de 1973 de la Corte Supremo concediendo a la mujer el derecho al aborto.

Ésta es una señal positiva. Pero nuestro lado no será exitoso en revertir el rumbo si los que apoyan el derecho a optar por un aborto no pueden defender este derecho sin disculparse por ello.

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LA NUEVA campaña publicitaria de Planned Parenthood y su decisión de deshacerse de la etiqueta "pro-opción" llega en medio de una intensificación derechista en su contra.

En las legislaturas estatales de todo el país, la derecha está tratando de eliminar la financiación de anticonceptivos y de bloquear la participación de Planned Parenthood en programas de salud pública. Texas es un buen ejemplo: Los legisladores del estado, liderados por el gobernador Rick Perry, están tratando de retirar los fondos del grupo, y de otros que simplemente podrían referir mujeres a proveedores de aborto, bloqueando los fondos que reciben de Medicare.

Otras leyes estatales, conocidas como "regulaciones específicas para proveedores de aborto", pondrían a clínicas fuera del negocio al, por ejemplo, legislar retroactivamente el tamaño de las puertas y las salas, y la imposición de requisitos a los médicos para a prevenirles de proporcionar abortos. En Mississippi, una ley está a punto de cerrar la única clínica de aborto que queda en el estado.

Los años 2011 y 2012 registraron el mayor número de restricciones al aborto a nivel estatal desde que Roe vs. Wade hace 40 años. Más de la mitad de todas las mujeres estadounidenses en edad reproductiva ahora vive en un estado que es considerado "hostil" al derecho al aborto

Planned Parenthood justifica su decisión señalando las recientes encuestas que muestran una generalizada insatisfacción con las etiquetas de "pro-vida" y "pro-opción". Pero como Amanada Marcotte escribió en Slate.com, dejando caer las etiquetas no resolverá un problema mayor: cómo recuperar el terreno ideológico y legislativo que la derecha ha tomado en más de cuatro décadas:

Lo que irrita acerca de esta decisión es que, en los grupos focales de Planned Parenthood, las personas que, de hecho, están a favor del aborto huyen de la palabra: "Yo no soy ni pro-opción ni pro-vida", dijo una mujer en un grupo focal comisionado por Planned Parenthood. "Estoy a favor de lo que la situación sea". Dicho de otra, "debe haber tres: Pro-vida y pro-opción y algo en el medio que ayude a la gente a entender las circunstancias...No es sólo blanco o negro, hay grises también".

El término correcto para las personas que quieren que un aborto sea decidido caso por caso, es "pro-opción", a menos que, por supuesto, estos participantes de grupos focales imaginen un panel especial frente al que cada mujer debe tomar su caso para fin de determinar si ella es una niña lo suficientemente buena para evitar un castigo por parto forzado.

El problema mayor, por supuesto, es que si tanta gente rechaza "las etiquetas tradicionales", es porque no ha habido una defensa sin excusas del derecho al aborto por parte de los liberales y de la izquierda por décadas.

El vídeo de Planned Parenthood pregunta: "[C]uando se trata de un aborto, ¿quién decide? ¿Un congresista? ¿Un gobernador? ¡¿El presidente?!" Pero el problema es que demasiadas personas están perfectamente conformes con dejar que congresistas, gobernadores, o los padres, el novio o el esposo de una mujer tengan voz y voto en esa decisión. Y esto no es sólo debido al ataque de la derecha, sino también por la fallida estrategia del establecimiento del movimiento pro-opción.

Como el autor William Saletan detalla en Teniendo el derecho: Cómo los conservadores ganaron la guerra contra el aborto, fue precisamente esa pregunta--¿Quién decide?--que los grupos pro-opción, como NARAL y otros, adoptaron como parte de una estrategia más conservadora en torno al derecho al aborto en la década de 1980. En muchos sentidos, el rótulo de "pro-opción"--en oposición a "pro-aborto"--fue a su vez una retirada, un paso atrás en la militancia del movimiento feminista de los años 1960 y 70, que presionó a la Corte Suprema a decidir en Roe vs. Wade, exigiendo aborto gratuito para quién lo demande.

Saletan, que de ninguna manera es un izquierdistao, explica que al enmarcar el debate sobre el derecho al aborto como una cuestión de "opción", en lugar de la reafirmación de un derecho fundamental de la mujer a controlar su propio cuerpo, fue visto como la estrategia "pragmática". Pero ésta cedió terreno a una derecha que no hizo concesiones al "pragmatismo".

Así, en 1989, cuando la Corte Suprema estaba oyendo un caso fundamental para el derecho al aborto, Webster vs. Servicios de Salud Reproductiva, NARAL advirtió a sus miembros de no hablar de temas como el feminismo, los derechos civiles o asuntos laborales. "Evita la retórica cargada, podrás creer en ello, pero no lo digas", decía una nota al personal de NARAL. "Usar frases como 'no pongan a la mujer de vuelta en su lugar', 'una mujer debe controlar su propia cuerpo', o 'tener un hijo limita las opciones de la mujer-, sólo provoca la hostilidad que muchas personas sienten acerca de los asuntos de la mujer".

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AL FALLAR en hacer una abierta defensa del derecho al aborto--eso es, sin proclamas de querer reducir el número de embarazos no deseados, o salvedades sobre qué tan "triste, incluso trágica opción" es un aborto, como Hillary Clinton dijo una vez--ha permitido el retroceso continuar. Incluso entre la izquierda, el apoyo al derecho de la mujer a optar por un aborto ya no puede darse por sentado.

Lo que la nueva campaña de Planned Parenthood no entiende es que, para muchas mujeres, el aborto no es "complicado". Es un procedimiento médico simple que, más que cualquier otra cosa, es un alivio.

Lo que no es "simple" hoy en día, sin embargo, es obtener un aborto, con cada vez más numerosos y restrictivos aros que saltar, establecidos por políticos estatales y locales, como períodos de espera, exámenes de ultrasonidos, información médica inexacta, formas de consentimiento paternal, costos prohibitivos y mucho más.

Y no es sólo el derecho al aborto está bajo ataque hoy, sino los derechos reproductivos en general. La derecha está cargando contra el control de la natalidad, y mujeres embarazadas están siendo sometidas a arresto, detención y prisión en instituciones mentales, únicamente por su estado de embarazo, como lo reportó The Guardian.

Mientras tanto, víctimas de programas de esterilización que continuaron hasta la década de 1970--principalmente mujeres negras y latinas esterilizadas sin su consentimiento tras haber sido señaladas como "promiscuas" o "débiles mentales"--siguen luchando por cierta medida de justicia por los crímenes cometidos contra ellas.

En este contexto, la estrategia de abandonar la defensa de la "opción" de la mujer en favor de una vaga idea de tener una "conversación" sobre los derechos reproductivos basado en el "respeto mutuo" fallará. La derecha podrá respetar a un feto, pero no a la mujer que lo lleva.

Un cambio en la opinión y las políticas públicas sólo será posible si reconstruimos un de movimiento como el que lucha ganó el derecho al aborto en el primer lugar, uno declare frente a políticos y tribunales que las mujeres no tolerarán regresar a los abortos en callejones.

Ahora es el momento perfecto para tal movimiento. Las encuestas muestran que el apoyo a Roe vs Wade creció el año pasado, por primera vez en muchos años. Siete de cada diez estadounidenses creen que esta histórica decisión de la Corte Suprema debe ser mantenida, el más alto nivel de apoyo desde 1989.

Sin duda, esto se debe en parte al desfile misógino del que fuimos testigos durante la temporada electoral, con políticos de derecha preconizando la "violación legítima" y sobre de cuándo es, o no, aceptable para una mujer tener un aborto.

Indignación fue también clave para la construcción de las luchas, de abajo a arriba, que ganaron el derecho al aborto en la década de 1970, que cambiaron actitudes acerca de lo que una mujer debe, o no, hacer con su propio cuerpo. Además, la lucha por el derecho al aborto estuvo conectada a un movimiento más amplio por los derechos de la mujer en todos los ámbitos: por el cuidado infantil y la licencia por maternidad, los derechos en el lugar de trabajo, incluido igual pago, y por leyes contra la violencia doméstica y la violación.

Miles de mujeres protestaron, marcharon y se pronunciaron acerca de sus propias experiencias con abortos clandestinos y su deseo de un mundo en el que la necesidad de eso ya no existía. No hablaron sobre el aborto mediante el uso de eufemismos ni se preocuparon "que las etiquetas las encajaran". Su lucha fue por sus derechos fundamentales y por la dignidad.

"Aborto" no debiera ser una mala palabra. Se trata sólo del cuidado de la salud, y debe ser un derecho. Sólo una defensa sin excusas puede cambiar la mentalidad de la gente y empezar a recuperar el terreno perdido desde que el aborto fue hecho legal hace 40 años.

Traducido por Orlando Sepúlveda