¿Muy pronto para la igualdad?

Gran parte de la élite política, incluyendo prominentes republicanos, se han manifestado a favor de la igualdad matrimonial, pero el New York Times aún pide prudencia.

LGBT rights activists rally for marriage equality outside the Supreme Court (David Sachs | SEIU)

MILLONES DE personas están esperanzadas de que la Corte Suprema de EE.UU. avance la causa de la igualdad, decidiendo esta primavera en dos importantes casos que podrían declarar inconstitucionales la Proposición 8 de California y la federal Ley de Defensa del Matrimonio. Y mientras tanto, todo tipo de políticos, republicanos inclusive, repentinamente se apresuran a decir que ahora apoyan el derecho de las parejas del mismo sexo a contraer matrimonio.

Pero no todos están tan ansiosos por esta victoria. En un reciente artículo, el liberal New York Times advierte que una decisión a favor de la igualdad matrimonial podría, de hecho, dañar la causa de los derechos LGBT porque podría desencadenar una "guerra cultural".

Como prueba, el New York Times cita el caso Roe v. Wade, la decisión de la Corte Suprema que en 1973 garantizó el derecho de la mujer al aborto. Según el artículo, este fallo debilitó la lucha por ganar el derecho al aborto en el largo plazo, porque lo impuso antes de que la sociedad estuviera preparada a aceptarlo, provocando así una violenta reacción. La juez de Corte Suprema, Ruth Bader Ginsburg, partidaria de la decisión Roe v. Wade, le dijo al Times: "No es que el fallo fuera equivocado, sino que fue muy lejos, demasiado pronto".

Ahora, advierte el Times, la historia podría repetirse con una legalización demasiado apresurada del matrimonio para personas del mismo sexo.

Es difícil pensar en un mejor ejemplo de cómo la timidez del liberalismo à la Obama lleva a hacer compromisos y otorgar concesiones, incluso en temas en que nuestro lado está ganando.

Esta forma de pensar, "no ir demasiado rápido", no sólo rechaza el cambio radical que ha ocurrido en la conciencia pública en torno al matrimonio homosexual y los derechos LGBT en general, sino que además demuestra total ignorancia de cómo los cambios sociales significativos ocurren en primer lugar.

Los derechos más importantes, en particular en favor de los grupos más oprimidos, no son producto de negociaciones en los tribunales o en los pasillos del Congreso, sino de una lucha social desde abajo, que transforme el clima y haga imposible para la Corte o el Congreso seguir defendiendo la injusticia.

Hace menos de 10 años, el matrimonio gay era visto como un "tema cuña" que la derecha religiosa podía manipular a su antojo. Hoy en día, las encuestas muestran una rápida transformación de la opinión pública, indicando que la mayoría de la población ha llegado a reconocer que negar a las parejas del mismo sexo los más de 1.000 derechos que las parejas casadas gozan es algo fundamentalmente discriminatorio.

Es por eso que demócratas como Hillary Clinton se esfuerzan por ser vistos como defensores de los derechos matrimoniales para todos, y decenas de destacados republicanos públicamente cambiaron su posición, incluso firmando un escrito ante el Supremo Corte instándola a derogar la Proposición 8.

El cambio de la conciencia social y el posterior cambio en la élite política, no salieron de la nada. Activistas LGBT y defensores de la igualdad reaccionaron a la aprobación de la Proposición 8 en 2008 con abierta oposición y protesta; menos de cinco años más tarde, incluso una institución tan moribunda y fuera de toque como la Corte Suprema tendrá re-examinar estas leyes discriminatorias.

En realidad, y a pesar de los lamentos del New York Times, lo mismo ocurrió con el derecho al aborto cuando Roe v. Wade fue decidido. El contexto de esa decisión fue la rápida evolución de una discusión nacional sobre la opresión de la mujer, en la que los activistas jugaron un papel decisivo. Hoy, con el derecho al aborto bajo feroz ataque, podríamos usar más protesta, en vez de cautela.

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LA IDEA de que Roe v. Wade ocurrió "demasiado rápido" es absurda. De hecho, para muchas mujeres –que cayeron enfermas o murieron porque recurrieron a abortos ilegales, y las muchas otras despojadas del derecho a decidir su futuro porque no pudieron terminar un embarazo no deseado--la decisión no vino lo suficientemente rápido.

El caso Roe v. Wade fue producto de un cambio en la conciencia pública en torno a los asuntos de la mujer. Encuestas tomadas justo antes de la decisión de la Corte Suprema mostraron sustanciales mayorías a favor de la despenalización del aborto. Según una encuesta Gallup, más de dos tercios de los republicanos y el 56 por ciento de los católicos estuvieron de acuerdo con la afirmación: "La decisión de tener un aborto debe ser realizada únicamente por una mujer y su médico".

El caso Roe v. Wade no provocó un inevitable "guerra cultural", sino al contrario, probablemente tuvo "el efecto inmediato de legitimar la opinión pública", según los expertos jurídicos Linda Greenhouse y Reva Siegel. Greehouse y Siegel señalan que una encuesta dos meses después de la decisión mostró "una notable liberalización de las actitudes hacia el aborto por parte de todos los grupos y subgrupos de la sociedad estadounidense".

Lo mismo es verdad sobre el matrimonio homosexual, hoy. Apoyo a la igualdad matrimonial ha pasado de alrededor del 40 por ciento en 2004 al 60 por ciento este año.

En última instancia, por supuesto, la derecha religiosa movilizó una "guerra cultural" contra el derecho al aborto. Los intentos de limitar y restringir el acceso al aborto comenzaron inmediatamente después de Roe v. Wade. Pero esta "guerra cultural" no fue sólo contra el derecho al aborto, sino contra todos los logros de la década de 1960. Las mujeres y los homosexuales no fueron los únicos en la lista negra de la derecha. También lo fueron los negros y los latinos, por no hablar de los sindicatos.

Pero esta reacción de la derecha no fue inevitable ni imparable. La derecha religiosa se lanzó al ataque y no encontró una oposición que pudiera mantenerla a la defensiva, y por eso comenzó a ganar terreno.

Así como el sector más moderado del movimiento de la mujer dirigió su atención a los avances de una pequeña minoría de mujeres en el mundo empresarial, y a apoyar políticos demócratas "pro-mujeres", el foco de la lucha fue desviado de importantes asuntos, como la defensa del derecho al aborto.

En ausencia de un movimiento sostenido y fuerte por el derecho al aborto, la derecha religiosa fue capaz de volver a introducir sus prioridades anti-mujeres (y anti-gay, anti-negro y antisindical) en la arena política. Con el tiempo, los demócratas dejaron de ver un beneficio político en defender el derecho al aborto porque contaban con el voto femenino no importa qué hicieran. Así que bajaron el tono del mensaje a favor del aborto, e incluso dieron la bienvenida demócratas antiabortistas entre sus filas.

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ESTAS LECCIONES son válidas para los partidarios del matrimonio gay hoy. Cuando Proposición 8 fue aprobada, la noche en que Obama fue electo presidente, los líderes demócratas dijeron a los indignados activistas LGBT que debían tener paciencia y diluir su mensaje con el fin de atraer a los moderados.

Y cuando una nueva generación de activistas LGBT los ignoró y organizó una Marcha Nacional por la Igualdad en Washington, DC, en marzo de 2009, con 200.000 personas, fueron tratados con desprecio por líderes demócratas cómo Barney Frank, quien llamó el evento " una pérdida de tiempo, en el mejor de los casos." Unos días antes de la marcha, Frank dijo a un periodista: "Sobre lo único que le pondrán presión será el césped".

Del mismo modo, las principales organizaciones LGBT como la Campaña de Derechos Humanos dijeron a los activistas que debían dar tiempo a Obama, y que estaban pidiendo mucho, muy rápido.

Pero esto no descorazonó a los activistas, ni al más amplio sentimiento pro-LGBT que representaban. Es en gran parte debido a las continuas movilizaciones en el creciente fermento político de nuestra que los derechos LGBT fue una de las únicas cuestiones donde nuestro lado ganó logros concretos, por ejemplo, la derogación de "no preguntes, no digas", durante el primer mandato de Obama. Y ahora, el esfuerzo por ganar la igualdad de derechos matrimoniales está a punto de dar otro paso adelante.

Los partidarios del derecho reproductivo de la mujer podrían aprender mucho de esta experiencia.

El derecho al aborto está bajo un drástico ataque. El gobernador de Dakota del Norte acaba de firmar una de las prohibiciones más extremas e inconstitucionales al derecho al aborto en la historia reciente, con el claro objetivo de poner en jaque Roe v. Wade.

Bajo este clima político, podrá parecer como si la mayoría de la gente quisiera terminar con el aborto legal, pero deteniéndose a ver lo que realmente piensa la gente, el panorama luce muy distinto.

De acuerdo con el sondeo de Wall Street Journal/NBC News, publicado a principios de este año, 7 de cada 10 estadounidenses cree que el caso Roe v. Wade debe permanecer ley, el más alto nivel de apoyo desde 1989. En una encuesta de agosto 2012, hecha por Republicanos por la Opción, preguntó "Independientemente de cómo sienta personalmente sobre el tema del aborto, ¿quién cree Ud. debe tener el derecho a tomar la decisión de tener un aborto?" El 71 por ciento de republicanos, 80 por ciento de independientes y 89 por ciento de demócratas dijeron que "fuertemente" sentían que una mujer debe tomar sus propias decisiones.

El derecho al aborto no está siendo erosionado porque Roe v. Wade pasó "demasiado rápido" o incitó a la derecha a librar una "guerra cultural", sino porque aquellos encargados con defenderlo dejaron de luchar.

Hoy en día, estamos viendo un gran cambio en la opinión pública debido a que miles y miles de personas se han activado en torno al matrimonio gay. Este no es el momento de frenar, en la igualdad matrimonial o en el aborto o en cualquier otro asunto. Este es el momento de hacer más presión.

Traducido por Orlando Sepúlveda