¡Reunifiquen las familias ya!

June 28, 2018

El establecimiento político no sabe enfrentar los abusos de Trump, pero las protestas contra las crueles políticas fronterizas mostraron una más efectiva forma.

LA INDIGNACIÓN contra la política trumpista de arrebatarles los hijos a las familias inmigrantes hizo erupción, incluso en la derecha, con las repugnantes mentiras y justificaciones de Trump y sus defensores alimentando el fuego.

La repentina creación de campos de concentración para niños fue un espectáculo premeditado de sadismo: una crisis moral y humanitaria deliberadamente orquestada por Trump y el Fiscal General Jeff Sessions para infligir sufrimiento a padres e hijos migrantes buscando asilo por traumas ya experimentados en sus países de origen.

Los inmigrantes y sus simpatizantes respondieron con ira y protesta contra el horror, forzando a Trump a dar paso atrás y firmar una orden ejecutiva, el 20 de junio, terminando con la política de separar a los hijos de sus padres y madres. Pero la crisis humanitaria en la frontera está lejos de ser resuelta y las fuerzas proinmigrantes aún no están satisfechas.

El fin de semana previo, miles de personas se movilizaron a la remota ciudad fronteriza de Tornillo, Texas, al sureste de El Paso, para llevar la resistencia a las afueras de un campamento que albergaría hasta 4.000 niños, si las autoridades federales se salen con la suya.

Protesters rally outside a detention camp for immigrant children in Tornillo, Texas

Los miembros del Comité Organizador Nacional de Enfermeras-Texas, que representa a unas 1.700 enfermeras en cuatro hospitales de El Paso, están convocando a una marcha de protesta fuera de las oficinas de ICE en El Paso.

Y una coalición de organizaciones por los derechos civiles, incluida ACLU, MoveOn, la Alianza Nacional de Trabajadores Domésticos y otras, está iniciando un día de movilizaciones masivas para el 30 de junio, con la principal manifestación en Washington, DC

Como en previas situaciones, el aumento de las protestas podría cambiar el clima político en un momento en que la popularidad de Trump ha estado aumentando en la derecha, gracias a una economía en crecimiento, alimentando la percepción de que él puede hacer lo que quiera, no importa qué tan cruel.


EL OBJETIVO de los raptos de menores es desalentar a futuros inmigrantes y refugiados de intentar cruzar la frontera, pero también presionar a los demócratas en el Congreso a aceptar una legislación con políticas draconianas contra la inmigración futura, legal e ilegal.

La crueldad de esta política es sólo un medio para esos fines, pero también una meta en sí misma: empujar el establecimiento político tanto a la derecha que el fascismo, o algo cercano, defina un lado, mientras el timorato liberalismo del Partido Demócrata y MSNBC, el otro.

Las cárceles infantiles de Trump están enraizadas en las horribles políticas fronterizas iniciadas por sus predecesores, incluido Barack Obama. Pero al expandir esas atrocidades, y proclamarlas con orgullo, Trump entalla un reto a todo aquel que se oponga a su barbarie.

En este respecto, Trump sigue el ejemplo de Dick Cheney después de los ataques del 11 de septiembre, cuando Cheney se jactó de que Estados Unidos estaba recurriendo al “lado oscuro” de la tortura, una política que la CIA de hecho había utilizado con frecuencia en décadas anteriores, pero en secreto.

El abierto uso de la tortura fue para desafiar a cualquiera que quisiera oponerse a la nueva fase del imperialismo estadounidense iniciada por la administración Bush: ¿Y quién nos va a detener?

La pregunta es relevante otra vez, y cada día los líderes del Partido Demócrata dejan claro que ellos no son la respuesta.

De hecho, en varias ocasiones durante el último año y medio, pareció más probable que alguna facción “responsable” del Partido Republicano trató frenar los peores excesos de Trump. Pero esa facción anda asustada ahora, después de que aún otro reaccionario que se atrevió a criticar a Trump fuera derrotado por un candidato trumpista en una primaria republicana.

La lección para los republicanos: agacha la cabeza y luce satisfecho con la agenda pro-corporativa, pro-rica, anti-todo-lo-demás que Trump está empujando.

En cuanto a los demócratas, ha habido alguna charla, a veces, pero poca o ninguna acción.

El instinto del liderazgo demócrata es girar siempre a la derecha. Para ellos es más fácil criticar a Donald Trump por no ser lo bastante duro con China o con Kim Jong-un de Corea del Norte. Y eso es cierto también del ala más liberal del partido: Bernie Sanders reservó sus críticas más severas para cuando Trump pareció dispuesto a ceder ante una guerra comercial contra China.

En cuanto a la inmigración, los demócratas hablan duro contra Trump, y algunos candidatos y funcionarios partidistas se han hecho parte de las protestas en curso. Pero para saber qué tan fiable es este apoyo vale la pena recordar el patético repliegue demócrata, en enero, cuando se rehusaron presionar a Trump para extender el programa DACA para jóvenes indocumentados.

La honesta esperanza de millones de personas ha sido traicionada muchas veces: nadie en la elite gobernante de Estados Unidos — ni los principales partidos políticos, ni algún sector de la clase dominante, ni el “estado profundo”, ni los medios de comunicación — se está preparando para rebelarse y atajar a Trump, mucho menos derribarlo.

La razón es simple: Ellos tienen mucho que ganar en los Estados Unidos de Trump.


LO QUE necesitamos es movilizar y organizar la mayoritaria oposición a las odiosas políticas de Trump en una resistencia efectiva, no en elecciones futuras, sino ahora.

El nuevo colmo de indignación popular por las desgarradoras imágenes de niños inmigrantes encarcelados es un comienzo. Pero como ya hemos aprendido desde el comienzo de la administración de Trump: la indignación que no se organiza en una fuerza activa es insuficiente.

Las protestas contra la separación de la familia son alentadoras, pero aún deben alcanzar la escala de las Marchas de la Mujer, este año y el pasado, o las recientes protestas contra la violencia armada.

Mientras tanto, pocos esperan que las planificadas demostraciones contra la anticipada decisión del Tribunal Supremo de mantener la última versión de la prohibición de viaje anti-musulmana de Trump alcancen la intensidad del “levantamiento en los aeropuertos” que presionó a los tribunales a detener la primera versión hace un año.

La falta de correspondencia entre el disgusto masivo, la ira que la gente siente contra Trump, y la escala real de resistencia activa puede ser corrosiva para el espíritu. Pero esta es la situación que la izquierda debe enfrentar.

Lo primero que debemos recordar — porque ante la embestida puede ser fácil olvidar — es que Trump, a pesar de un aumento en su índice de popularidad, sigue siendo el presidente más impopular desde que el sondeo de opinión comenzó hace unos 70 años.

No sólo eso, Trump ha enfrentado a una histórica oposición activa.

Las Marchas de la Mujer en 2016 y 2017 fueron uno de los mayores días de protesta en la historia del país, al igual que las manifestaciones contra la violencia armada y los tiroteos en las escuelas — las que fueron tanto un grito de indignación contra Trump y la derecha como una protesta por un mayor control de armas.

El levantamiento en los aeropuertos frenó la prohibición de viaje musulmana por un tiempo; y la principal prioridad del Partido Republicano al comienzo del reinado de Trump — revocar Obamacare y destruir Medicaid, el sistema público de salud para los pobres — fue derrotada bajo la presión de una movilización popular que fracturó la mayoría republicana en el Congreso.

Incluso en el tema de la inmigración, donde el poder del estado, tomando sus órdenes de Trump, es abrumador, el valiente desafío de los inmigrantes y de quienes los apoyan ha sido más vigoroso que durante cualquier momento en la era previa de deportaciones bajo la administración Obama.

Luego están las huelgas docentes del invierno recién pasado, que estallaron aparentemente de la nada en West Virginia y se extendieron a otros “estados rojos”. No sólo protestaron contra gubernaturas estatales similares a la administración Trump, sino que mostraron que vencer es posible.

Aún si no obtuvieron todo por lo que estaban luchando, los maestros ganaron aumentos salariales y mayores fondos para las escuelas públicas, inimaginables sólo unos meses atrás. Aún más, lograron todo esto mediante el poder de huelga y las protestas, no “trabajando el sistema”.


LA DURA realidad de la pesadilla Trump pesa mucho cada día. Incluso si la administración enfrenta retrocesos, la guerra continúa.

Por ejemplo, el plan republicano para arruinar el cuidado de la salud fue derrotado el año pasado, pero la administración Trump continúa socavando y desmantelando Obamacare, incluso sin la aprobación del Congreso. El Departamento de Justicia se sumó a un esfuerzo legal de la derecha para desentrañar las protecciones para personas con condiciones preexistentes.

Y aunque Trump y los republicanos ya mostraron señales de retroceso en su reino de terror en la frontera, ellos todavía están tratando de usar la inhumana política de separación familiar para obtener que el Congreso apruebe sus más draconianas propuestas en una ley de inmigración, incluyendo el muro fronterizo.

Aún así, y a pesar de todo, los retos entallados por la izquierda el último año y medio, incluso si no fueron exitosos, contribuyeron a fortalecerla y a construir una resistencia más amplia. Las lecciones de un episodio de lucha fueron aprendidas por el siguiente.

Al final, ese proyecto en curso — construir la izquierda mientras luchamos contra la derecha — es tan decisivo como cualquier batalla.

La indignación por las nauseabundas políticas de Trump en la frontera podría cristalizarse en un fuerte movimiento de protesta. Instamos a todos nuestros lectores a encontrar formas de contribuir a esta lucha. Lo que podamos hacer para desafiar las odiosas políticas de la administración Trump, de la manera más inmediata, es importante: ¡Las familias deben ser reunidas con sus hijos, ahora!

Pero también tenemos una gran lucha por delante desafiando todo el retorcido sistema de controles fronterizos y la criminalización de inmigrantes, ya sea que el sistema esté dirigido por un republicano o un demócrata.

Y tenemos un mundo sin fronteras que ganar, porque esa es la única manera de poner fin a un sistema que desgarra familias para defender el estatus quo político y social.

Traducido por Orlando Sepúlveda

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