¿Encarna Ortega al sandinismo?

El legado sandinista es reivindicado por el gobierno, pero también por su oposición de izquierda e incluso algunos en la derecha, Jonás Walters reporta desde Nicaragua.

Nicaraguan President Daniel Ortega (left) speaks at a press conference alongside Ecuador's Foreign Minister Ricardo Patiño (Fernanda LeMarie)

EL MARTES, 19 de julio cientos de miles de nicaragüenses se reunieron en la capital, Managua, para celebrar el aniversario de la revolución que derrocó la dictadura de Anastasio Somoza en 1979. La Revolución Sandinista inauguró un proceso radical de transformación social en Nicaragua, una de las naciones más pobres del mundo, y catapultó el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) a la prominencia internacional.

La celebración de este año tuvo lugar en un contexto político cargado. El presidente Daniel Ortega se presenta a la reelección en noviembre, después de haber logrado una enmienda constitucional en la Asamblea Nacional que abolió el límite temporal al mandato presidencial hace dos años.

Ortega goza de una gran popularidad en Nicaragua y es apoyado por Venezuela, Cuba, y otros estados de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Es casi seguro que él ganará la presidencia por cuarta vez en noviembre, sirviendo su tercer período de cinco años, consecutivamente.

El FSLN de hoy queda muy corto de su promesa revolucionaria de hace cuarenta años. Desde 1990, la dirección del partido ha restringido la democracia interna, en connivencia con gobiernos conservadores corruptos y buscado poder a través de acuerdos secretos cínicos, mancillando así el legado sandinista.

Los sandinistas fueron una vez una fuerza revolucionaria vital, y una inspiración para los movimientos de izquierda en toda América Latina y el mundo. Pero ¿cómo hacer sentido del FSLN, ahora que décadas de degeneración y maniobras tras bambalinas han comprometido la misión histórica de la organización?

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EL PRESIDENTE Daniel Ortega (conocido en Nicaragua como Comandante Daniel) se dirigió a una multitud de hasta 600.000 de partidarios entusiastas en Managua, según algunos informes, transportados en autobús de todos los rincones del país. Se le unieron en la tarima figuras internacionales como el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y el ex presidente de Honduras, Manuel Zelaya, depuesto en 2009 por un golpe en la que la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton, jugó un activo rol.

Sin embargo, otras figuras estuvieron notablemente ausentes: los líderes revolucionarios que una vez conformaron el núcleo de la insurgencia anti-Somoza y la organización política del FSLN.

Ortega puede ser un producto de la tradición radical socialista de Nicaragua, pero él hace mucho tiempo dejó atrás esa tradición.

Justo antes del triunfo revolucionario en 1979, el FSLN formó una Dirección Nacional compuesta por nueve líderes políticos. La Dirección reunió a las tres principales tendencias políticas en la organización - la tendencia Guerra Popular Prolongada, tendencia FSLN Proletaria, y la tendencia Tercerista (que incluía Ortega).

De los ocho comandantes que sirvieron en la Dirección Nacional junto a Ortega, sólo uno de ellos ahora participa en su gobierno. Dos murieron, dos (incluyendo el hermano de Humberto Ortega) se han distanciado del presidente, y tres son críticos activos de la actual encarnación del FSLN.

La notoria ausencia de sus antiguos aliados no fue perdida por el presidente ese día. Hablando desde el podio, Ortega aprovechó la oportunidad para denunciar a sus ex camaradas que ahora forman parte de la oposición.

Acusó a los disidentes sandinistas de abandonar el partido después de su primera derrota electoral en 1990, comparándolos con "ratas que huyen de un barco". "Al salir", Ortega dijo, "comenzaron a criticar al Frente Sandinista... Ahora están buscando una manera de congraciarse con la burguesía, con la oligarquía, con el imperialismo estadounidense".

Ortega continuó: "Después de haber dado a las arengas más radicales, después de haber tomado las posiciones más extremas, ahora los vemos caminando cogidos del brazo con la oposición, visitando la embajada yanqui, visitando Washington DC invitados por los gringos para ser compañeros en la lucha contra la revolución".

Si él estaba hablando sobre el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), el grupo más visible de desertores sandinistas, sus palabras no están lejos de la verdad.

El MRS, que goza de un nivel de prominencia internacional desproporcionada en relación a su apoyo marginal entre los votantes nicaragüenses, dejó el FSLN después de los desastrosos acontecimientos de "la piñata", cuando los funcionarios sandinistas se apropiaron de propiedades previamente nacionalizadas para sí mismos tras dejar sus cargos en 1990.

Desde entonces, sin embargo, el MRS ha constantemente virado hacia la derecha, y hoy en día es difícilmente distinguible de los partidos de la oposición archiconservadora que abogan por la restauración de la ortodoxia del libremercadista en Nicaragua.

De hecho, los delegados del MRS, Enrique Sáenz y Edipcia Dubón recientemente recorrieron los Estados Unidos para atraer apoyo entre nicaragüenses expatriados y prominentes instituciones internacionales, una estrategia favorita de la oposición conservadora. Ellos además se reunieron con Luis Almagro, jefe de la Organización de los Estados Americanos (OEA), quien hizo noticia al invocar descaradamente la carta fundacional de la OEA contra el democráticamente electo gobierno chavista de Venezuela.

Para empeorar las cosas, el MRS frecuentemente entra en alianzas electorales con partidos de derecha como el Partido Liberal Independiente (PLI), distanciándose aún más de sus raíces políticas.

Pero no todos los críticos de Ortega han capitulado a la derecha. Algunos ex sandinistas desafían al gobierno de Ortega desde la izquierda.

Henry Ruiz vino del pro-soviético Partido Socialista Nicaragüense (PSN) para convertirse en una figura militar célebre en la insurgencia sandinista y un miembro de la Dirección Nacional del partido. Un temprano desertor del FSLN, Ruíz también cortó sus lazos con el MRS tras su colaboración con los elementos conservadores como el PLI, pasando a formar el Movimiento Republicano Patriótico (MPR).

En declaraciones a La Prensa, el principal periódico de la oposición, el día previo a las celebraciones del 19 de julio, Ruiz criticó al gobierno de Ortega como una nueva forma de dictadura y acusó al presidente de abandonar sus raíces revolucionarias.

"Para mí", Ruiz dijo, "la revolución es el socialismo... ¿Cómo puede un "gobierno revolucionario" impulsar el desarrollo económico basado en un modelo extractivo que encaja directamente con el gran capital, interno y externo? ¿Cómo puede esto ser revolucionario?"

Ruiz no es el único que cuestiona el carácter revolucionario del gobierno del FSLN.

A principios de este mes, Mónica Baltodano, otra crítica de izquierda del FSLN, se negó a participar en la celebración del 8 de julio del Repliegue Táctico (que conmemora un momento crucial de la Revolución Sandinista – n. del t.) a pesar de su fundamental rol en la operación militar de 1979, citando su oposición a Ortega y el Frente, hoy.

Baltodano ha criticado sin cesar a Ortega por sus ataques a los procesos democráticos en el seno del partido y en la nación en general. Y en 2006, su partido, el Movimiento por el Rescate del Sandinismo (MpRS), brevemente logró mover al MRS hacia la izquierda como parte de la alianza electoral.

Sin embargo, en el contexto de la actual Nicaragua, donde Ortega goza un tremendamente alto nivel de aprobación y la oposición está dominada por figuras reaccionarias, la oposición izquierdista a la hegemonía del FSLN sigue siendo débil y aislada.

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ENTRE LOS muchos grupos y contingentes que participaron en las festividades del 19 de julio, quizás el más extraño fue la delegación del Partido Resistencia Liberal Somocista (PRL), que marchó detrás de una pancarta anunciando el apoyo del partido a la candidatura de Ortega.

De acuerdo con un informe de Canal 10 de Noticias de Nicaragua, el partido está principalmente compuesto por contras desmovilizados (contrarrevolucionarios que combatieron a los sandinistas en la década de 1980) que ahora alaban a Ortega al tiempo que exige el apoyo económico preferencial que se les prometió en el acuerdo de paz.

Las PRLS son una especie de misterio. Su política parece ocupar una posición intermedia entre la nebulosa sinceridad y la sátira. Dirigido por José Luis Ruíz, cuya credencial como ex combatiente contra es cuestionada por aquellos que lo recuerdan como un vendedor de comida, el partido dice apoyar el "liberalismo real", y ha sido inequívoco en su apoyo público a Ortega.

El partido alcanzó renombre nacional el año pasado, cuando se presentó a protestar contra una marcha de la oposición frente a la Corte Suprema. Uno de los contra-manifestantes, al parecer asociado al PRLS, disparó un arma contra la multitud opositora, dispersando la manifestación.

Pero si bien la participación del PRLS en la política nicaragüense puede ser poco un poco errática, los bizarros puntos de discurso del partido ponen de relieve una verdad incómoda sobre la administración de Ortega.

En cierto modo, las políticas de Ortega son similares a las del ex dictador Somoza, especialmente cuando se trata de consolidar el poder ejecutivo y cortejas de la inversión extranjera (especialmente la de Estados Unidos).

A pesar de algunos impresionantes programas de reducción de la pobreza financiados por ALBA, además de una iniciativa para fomentar el desarrollo de la llamada "economía doméstica" de los pequeños productores, Ortega aún tiene que terminar definitivamente con los modelos de desarrollo neoliberales que heredó, como Henry Ruíz señaló en La Prensa.

De hecho, la política económica de Ortega está orientada en torno a la distribución de los subsidios del ALBA a los nicaragüenses pobres con una mano, mientras despeja el camino para la inversión extranjera con la otra, a veces con consecuencias desastrosas para los trabajadores nicaragüenses.

Por ejemplo, el apoyo de Ortega para el Tratado de Libre Comercio (TLC), al que los sandinistas se opusieron con vehemencia cuando fue propuesto en los años noventa, ha dado lugar a la proliferación de maquiladoras controladas por capitales estadounidenses durante la presidencia de Ortega.

Ahora, Nicaragua es un sitio clave en la estrategia "near-shoring" de las compañías multinacionales (para instalar capacidad productiva cerca de, pero fuera de los Estados Unidos – n. de t.), con las empresas cooperando con los gobiernos nacionales para establecer áreas de producción exentas de las protecciones laborales y tarifas de exportación, donde puedan explotar libremente la mano de obra local para producir bienes de consumo destinados a la venta en los Estados Unidos.

Para Nicaragua, estas llamadas "zonas de libre comercio" representaron en 2014 $2.4 mil millones en exportaciones. Durante el primer mandato de Ortega, las exportaciones hacia EE.UU. crecieron un 71 por ciento.

Ideas neoliberales continúan guiando las políticas económicas de Ortega, así como las iniciativas contra la pobreza financiadas por el ALBA dominan la cara pública de su administración. Reconocer este hecho ayuda a explicar la aparente paradoja: En los últimos años, Nicaragua ha ganado elogios superlativos de ambos gobiernos de izquierda e instituciones neoliberales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

No hay duda de que los nicaragüenses, que se cuentan entre uno de los pueblos más pobres del mundo, se han beneficiado en los últimos años de los programas de bienestar del FSLN, financiados en gran parte por inyecciones de dinero en efectivo por parte de Venezuela. Sin embargo, un vistazo a la sustancia de sus políticas económicas muestra que el neoliberalismo está vivo y saludable en Nicaragua, a pesar de la retórica de su gobierno "socialista".

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DANIEL ORTEGA no es presidente de los movimientos sociales. Una vez estuvo en la vanguardia de un vibrante movimiento revolucionario, pero el FSLN de hoy está demasiado corrompido para merecer nuestro apoyo.

Nos unimos al pueblo de Nicaragua en la celebración de su triunfo de 1979 sobre la dictadura y la oligarquía, y reconocemos el papel crucial que el Frente Sandinista de Liberación Nacional jugó en aquella victoria histórica mundial.

Pero ahora, apoyamos a quienes continúan la luchar por una alternativa de izquierda al gobierno del FSLN en Nicaragua, basado en una verdadera auto-emancipación desde abajo.