Operación Ocupación Duradera
Los últimos 12 años sólo han traído sufrimiento al pueblo afgano, y el futuro sólo parece traer más.
LA OPERACIÓN Libertad Duradera --nombre oficial que el gobierno de Estados Unidos dio a su guerra y ocupación de Afganistán--supuestamente está llegando a su fin.
Para "poner fin" a la ocupación, los gobiernos afgano y estadounidense llegaron a un acuerdo que, entre otras cosas, continúa la presencia de bases militares, tropas y contratistas extranjeros en todo el país, eximidos de cualquier acción civil o penal bajo la ley afgana. Es decir, una vez que la ocupación termine, la ocupación continuará.
Y el objetivo del nuevo arreglo sigue siendo el mismo: Mantener la presencia militar de Washington en una región que asegura la promoción de su agenda imperialista en todo el mundo.
Este acuerdo y el más amplio beneplácito con la "guerra contra el terror" demuestran una vez más qué tan lejos de las prioridades de Barack Obama y del Partido Democrático están los intereses de la gente común en Estados Unidos y en Afganistán.
A FINALES de noviembre, miles de líderes afganos se reunieron en Kabul para una Loya Jirga, o Gran Consejo, y escucharon al presidente afgano Hamid Karzai explicar los detalles del acuerdo negociado con EE.UU. Pronto quedó claro para todos que la propuesta no era más que un medio para extender la presencia militar de EE.UU. por al menos 10 años más.
El acuerdo permitiría a EE.UU. mantener hasta nueve bases militares en Afganistán, a cambio de financiar las fuerzas de seguridad del gobierno afgano hasta por lo menos 2024, con un costo estimado en $6 mil millones al año.
También permite la presencia de un número indeterminado de tropas extranjeras. Karzai reconoce que unos 15.000 soldados, la mayoría de ellos tropas y contratistas en la nómina del Pentágono continuarán en el país sin tener que producir pasaportes o visas. Las tropas estadounidenses podrán participar en operaciones de combate "de mutuo acuerdo" con las fuerzas afganas.
Los soldados norteamericanos quedarían exentos de las cortes civiles o penales afganas. Ellos quedarán bajo la jurisdicción exclusiva de las cortes gringas, las que han demostrado una y otra vez su falta de voluntad para juzgar estadounidenses por la muerte de civiles afganos. En noviembre, Reuters reportó que la falta de cooperación gringa detuvo la investigación que funcionarios afganos llevaban a cabo en torno a la muerte de al menos 10 civiles después de que fueron detenidos por Fuerzas Especiales estadounidense, entre octubre de 2012 y febrero de 2013.
Además, el acuerdo autoriza a las tropas extranjeras a entrar y saquear casas afganas bajo circunstancias "extraordinarias". Pero como dijo una airada delegada a la Loya Jirga gritó durante el encuentro, "Todos los ataques nocturnos pueden ser clasificados como extraordinarios".
De hecho, pocos días después de la Loya Jirga, las consecuencias de la ocupación quedaron claras una vez más cuando un ataque con avión no tripulado dejó a un niño y dos mujeres muertos. Fuerzas de la OTAN dijeron que estaban tratando de matar a un "conocido militante" en una motocicleta, en la provincia de Helmand.
En la Loya Jirga, Karzai dijo a los asistentes: "Queremos que Estados Unidos respete nuestra soberanía, nuestras leyes y que sea un socio honesto". Luego añadió: "Y que traigan mucha lana".
Pero Karzai también lanzó una curva a Washington cuando anunció a la Loya Jirga que incluso si ésta aprobaba el acuerdo, él no lo firmaría hasta después de las elecciones presidenciales en abril de 2014. La Loya Jirga, compuesta por delegados sobre los cuales Karzai tuvo la última palabra, aprobó por abrumadora mayoría el acuerdo, e instó a Karzai a firmar antes del 31 de diciembre.
En respuesta, la asesora de Seguridad Nacional, Susan Rice amenazó con la llamada "opción cero": Si Karzai no firma el acuerdo para el nuevo año, EE.UU. se preparará para retirar todas sus fuerzas para el final del próximo año.
Karzai y su gobierno dependen profundamente de las tropas y el apoyo estadounidenses para mantenerse en el poder. La amenaza de Karzai de no firmar el acuerdo puede ser un intento para renegociar algunos puntos, pero es muy poco probable que continúe manteniendo esa posición.
PERO LA administración Obama también necesita el acuerdo, no porque le importe un bledo la vida de los afganos, sino porque Afganistán sigue teniendo un lugar estratégico en el mantenimiento de los intereses imperialistas de Estados Unidos.
Como Eric Ruder escribió el año pasado en SocialistWorker.org, el claro objetivo de la administración Obama es permanecer en Afganistán por un período mucho más largo:
[A] pesar de lo que digan, lo cierto es que la guerra definitivamente continuará durante al menos dos años y medio más, hasta el final de 2014, o la mitad del segundo mandato de Obama --si lo gana. ¿Y luego? Funcionarios del gobierno esperan que "unos 20.000 soldados estadounidenses puedan permanecer después de que termine la misión de combate", de acuerdo con la Prensa Asociada. Si es así, las últimas tropas estadounidenses dejarán el campo de batalla de Afganistán en 2024, prolongando esta guerra por 23 años.
Como el diario británico The Guardian escribió, "[S]i EE.UU. no logra un acuerdo en Afganistán después de 2014, no tendrá una base de operaciones para lanzar ataques con aviones no tripulados sobre Pakistán, o tendrían que negociar uno con una de la ex repúblicas soviéticas, dando una mayor importancia estratégica al choque con Karzai".
Escribiendo en TomDispatch.com a principios de noviembre, Robert Dreyfuss señaló:
Doce años después de que EE.UU. invadió Afganistán para derrocar a los talibanes y una década después de la desacertada invasión de Irak --ambas diseñadas para consolidar y ampliar la influencia regional de Estados Unidos, eliminando sus adversarios--la posición de Washington, en un país tras otro, incluyendo sus principales aliados en la región, nunca ha sido más débil...
Hay muchas razones por las que la previamente indiscutida hegemonía de Estados Unidos en el Medio Oriente está en caída libre. Las desastrosas invasiones de Afganistán e Irak generan un sentimiento anti-gringo en las calles y en las élites. La crisis económica de Estados Unidos desde el año 2008 ha convencido a muchos de que ya no tiene los medios para mantener una presencia imperial.
La Primavera Árabe, con todos sus altibajos, ha desafiado el estatus quo por doquier, generando una gran incertidumbre y fortaleciendo fuerzas políticas no dispuestas a marchar al mismo paso con Washington. Además, las naciones consumidoras de petróleo, como China e India, han estrechado los lazos con sus proveedores, entre ellos Arabia Saudita, Irán e Irak. El resultado: en toda la región, las cosas están rápidamente mucho más sueltas para Estados Unidos.
Por supuesto, el gobierno yanqui sigue siendo el más mortal proveedor de violencia en el mundo. Obama puede ordenar incursiones de las Fuerzas Especiales en casi cualquier lugar, y puede llevar a cabo asesinatos en todo el mundo con aviones no tripulados. EE.UU. sigue siendo la potencia imperialista dominante en el mundo, con lejos el mayor ejército, pero ha sido debilitado por una serie de fracasos, de los cuales Afganistán es sólo uno.
Estas dos facetas del imperialismo gringo pueden ser vistas en el acuerdo alcanzado con el gobierno iraní para detener temporalmente su programa nuclear. Irán aceptó el trato con la esperanza de que condujera al levantamiento de las brutales sanciones infligidas por Estados Unidos, incluyendo el descongelamiento $4,2 mil millones en ingresos petroleros en bancos extranjeros.
Pero la administración Obama también espera beneficiarse de la relajación de tensiones en un conflicto que ha escalado, en ocasiones, hacia un conflicto militar, en una región donde Irán ha ganado la influencia que EE.UU. ha perdido; en particular, en el triste final de la ocupación de Irak hace dos años.
Con esto en mente, está claro que EE.UU. está tratando de apuntalar su posición estratégica al cortar el acuerdo con Karzai y el gobierno en Kabul. Pero para el pueblo de afgano, la realidad de 12 años de guerra y la ocupación no ha sido la liberación que una vez les fue prometida, sino más derramamiento de sangre.
Como la autora y activista Malalai Joya dijo a Nation, "Estos doce años, hemos vivido una guerra civil. Durante la era del Talibán, teníamos un solo enemigo: el Talibán. Ahora tenemos tres: el Talibán, los jefes guerreros y las fuerzas de la ocupación".
Si Estados Unidos logra el acuerdo que busca con Karzai, Joya y muchos que se oponen a la injusticia seguirán enfrentando al tercer enemigo de las "fuerzas de la ocupación" en los próximos años.
Traducido por Orlando Sepúlveda