El saqueo de nuestras pensiones
Las "reformas" a los sistemas de pensiones son sólo una parte del masivo robo de los ahorros de los de abajo para llenar las arcas de los de arriba.
"LA GENTE se siente como si hubiera sido abusada; como si alguien les hubiera robado su jubilación".
Así dijo JoAnn Washington-Murry, 60, especialista en bienestar infantil con 20 años de experiencia en el Departamento de Servicios para Niños y Familias de Illinois, luego de que el gobernador demócrata Pat Quinn, semanas antes a la Navidad, traicionó a la base sindical que apoyó su elección, firmando una de las "reforma" a los fondos de pensiones más devastadoras del país.
Por esta "reforma", un trabajador fiscal retirándose con 25 años de servicio, como podría Washington-Murry, recibirá 30.000 dólares menos, en los próximos 18 años, de lo que estipulaba el plan anterior.
Washington-Murry dijo a un reportero de Associated Press que había planeado su retiro bajo el actual sistema de pensiones: "Es realmente aterrador ahora pensar cómo nos la vamos a arreglar, dijo ella. "Tal vez tenga que empezar a buscar otra casa, o seguir trabajando hasta pagar la hipoteca".
Esta deforma fue aprobada a pesar de que la constitución de Illinois, donde los demócratas reinan, tiene una cláusula que indica que los beneficios de pensión "no serán disminuidos o menoscabados".
La angustia de Washington-Murry se multiplica, una y otra vez, en estados y ciudades de todo el país. Ya sea a manos de los republicanos, culpando de "sobrepago" a los empleados públicos, o de los demócratas, afirmando que "todos tenemos que hacer un sacrificio", la "crisis de las pensiones" se ha convertido en la excusa para elevar la edad de jubilación, imponer un límite a las pensiones y los beneficios, reducir los ajustes por inflación, y aumentar las contribuciones de los empleados.
En Detroit, donde la pensión anual promedio de un trabajador municipal jubilado es de sólo $19.000, las autoridades municipales citaron $3.5 mil millones en costos de pensiones desfinanciadas como una razón principal para declarar en quiebra al Ayuntamiento. Cuando Central Falls, Rhode Island, se declaró en bancarrota en 2011, algunos trabajadores municipales perdieron la mitad de su pensión.
IRÓNICAMENTE, UNA pensión sólida era una de las razones por las que muchas personas optaron por un trabajo en el sector público, con un salario inferior que en el sector privado.
Pero ahora su futuro les está siendo robado frente a sus ojos. Cada vez más, los gobiernos estatales y locales están pidiendo a sus empleados pagar la factura de su propia jubilación, ya sea por medio de mayores contribuciones individuales o, con mucha frecuencia, empujando a los trabajadores hacia planes de jubilación 401(k).
Esto ha sucedido en el sector privado durante años, cambiando, uno, la responsabilidad de los ahorros para la jubilación del empleador al empleado, y dos, los planes de pensiones con un beneficio mensual definido a planes cuyos beneficios y ahorros fluctúan con el mercado financiero.
Las pensiones solían ser la norma en trabajos con salario digno y buenos beneficios. Cuando los planes 401(k) surgieron en la década de 1980, en los que los trabajadores ponían una parte de su sueldo en un fondo de inversión, estos eran vistos como un complemento a las pensiones tradicionales.
Hoy en día, los planes 401(k) son la norma, porque es mucho más rentable para las empresas privadas, y "financieramente responsable" para los gobiernos, promover la responsabilidad individual en el retiro de los empleados. Entre 1990 y 2010, el porcentaje de trabajadores del sector privado con planes de retiro tradicionales se redujo a la mitad, del 42 al 22 por ciento.
Hoy en día, alrededor del 50 por ciento de los trabajadores del sector privado tienen un plan 401(k), según el Instituto de Política Económica (EPI, por sus siglas en inglés). Algunos de los empleadores --por lejos no todos--contribuyen a los planes 401(k) de sus empleados, pero los empleados toman todo el riesgo. No hay certeza de rentabilidad en las inversiones de sus ahorros. Todo depende de la suerte de los mercados financieros; algo de lo que la mayoría de la gente sabe muy poco, y sobre lo cual tienen aún menos control.
Agravando el problema está el hecho de que un trabajador tiene cada vez menos y menos dinero para dedicarlo a su retiro. Para el 40 por ciento de los trabajadores estadounidenses con menos ingresos, la paga ha decrecido en más de un 10 por ciento desde el año 2000, tras ajustes por inflación. Si algún dinero había en el bolsillo obrero para ahorrarlo para la jubilación, está siendo ahora consumido, aceleradamente tras la Gran Recesión, por la disminución de los salarios.
Los ahorros para la jubilación además reflejan la creciente brecha entre ricos y pobres en el país más rico de la Tierra. De acuerdo con las cifras de EPI para 2010, en los hogares del quintil superior de ingresos, el ahorro promedio en una cuenta de jubilación fue de $160.000, comparado a $8.000 o $36.000 de los hogares en los cuatro quintiles restantes.
Lo que es más, como EPI señala: "Estas cantidades son para los hogares con una cuentas de ahorro de jubilación. La media para todos los hogares (incluyendo las que no tienen ahorros) es cercana a cero, ya que casi la mitad de los hogares no tienen ahorros en estas cuentas".
La triste consecuencia es que muchas personas de la tercera edad descubren que no tienen suficientes ahorros para jubilarse, y siguen trabajando. Un 82 por ciento de las personas mayores de 50 años de edad dicen que probablemente van a trabajar por un salario durante sus años de jubilación, según una encuesta de octubre de AP-NORC Centro de Investigación de Asuntos Públicos.
HAY AUN otra amarga dimensión al gran robo de las pensiones: los trabajadores del sector público están siendo forzados a tomar planes de inversión a la merced del mercado en Wall Street --cuando fue éste quien se quedó con gran parte de sus "seguras" jubilaciones, en primer lugar.
A raíz de la crisis financiera de hace cinco años y el multi-millonario rescate a Wall Street que siguió, la era de la austeridad arrancó con todo. El impacto golpeó más duro a los gobiernos estatales y locales, incluyendo sus obligaciones de jubilación. No sólo fueron las contribuciones a las pensiones socavadas, sino que además los fondos de pensiones existentes, fuertemente invertidos en el mercado de valores y expuestos a la crisis financiera de 2008, sufrieron grandes pérdidas.
Como el periodista Matt Taibbi escribió en un reciente artículo para la revista Rolling Stone:
Hoy en día, la misma gentuza de Wall Street que causó el colapso no sólo sigue haciendo dinero, sino que agresivamente contraataca en el frente de las relaciones públicas. La batalla se centra cada vez más en torno a los fondos públicos, como las pensiones estatales y municipales. Esta guerra no es sólo cuestión de dinero. Crucialmente, en formas invisibles para la mayoría de los estadounidenses, se trata también de la culpabilizar. En un estado tras otro, los políticos están... utilizando tácticas de miedo y campañas de relaciones públicas, espléndidamente financiadas, para mostrar a maestros, bomberos y policías --no a los banqueros--como los monstruos devorándose el presupuesto y responsables de los problemas fiscales de los estados y ciudades de Estados Unidos.
Y por si fuera poco, muchos organismos gubernamentales, locales y estatales, desfinanciaron las pensiones por años antes de que estallara la crisis. Taibbi cita Chris Tobe, un ex administrador del Sistema de Retiros de Kentucky, quien encontró que en la última década, 14 estados fallaron regularmente en hacer contribuciones obligatorias a los fondos de pensiones de sus trabajadores.
Mientras tanto, el dinero sigue su flujo por Wall Street con la inyección de los fondos públicos en las inversiones. Esto costará al estado de Rhode Island $2.100 millones en honorarios a fondos de inversionistas, de capital privado y de capital de riesgo, por los próximos 20 años, de acuerdo con Taibbi.
"¿Por qué es este número interesante?" Taibbi pregunta. "Porque casi coincide con el ahorro que el Estado va a estar tomando de los trabajadores mediante la congelación del ajustes por el costo de la vida --$2300 millones en 20 años". Como Stephen Day, presidente emérito del Sindicato de Bomberos, de Providence, Rhode Island, comentó a Taibbi: "Ellos prácticamente tomaron la COLA y se la dieron a un montón de multimillonarios".
No es extraño que la propaganda sea tan estridente; los banqueros, y los políticos que les sirven, quieren a toda costa desviar la atención de este muy rentable tipo de fraude. En cambio, los trabajadores fiscales son culpados por la crisis, por su supuesta generosa jubilación.
Un informe reciente del Instituto para el Futuro de América (IAF, por sus siglas en inglés) mostró cómo John Arnold y el Fondo de Caridad Pew se confabularon para responsabilizar las pensiones de los empleados públicos por la crisis del presupuesto estatal. John Arnold es un ex ejecutivo de Enron, la empresa de energía cuyo colapso liquidó los ahorros de retiro de sus propios empleados en 2001, pero también arruinó los fondos de pensiones de los empleados públicos en todo el país.
Mientras tanto, los gobiernos locales y estatales le dan a las corporaciones exenciones fiscales y subsidios que podrían poner fin a la "crisis de las pensiones". Como señala el informe de la IAF señala:
Las pensiones públicas enfrentan un déficit de 1.380 mil millones dólares por 30 años, o $46 mil millones anualmente. Pero esto es eclipsado por los 80 mil millones dólares al año que los estados y ciudades gastan en subsidios corporativos. Sin embargo, la derecha cita el déficit en las pensiones no como una razón para reducir los subsidios a las empresas y elevar los ingresos públicos, sino como una prueba de que las jubilaciones necesitan ser rebajadas.
El asalto a las pensiones no viene sólo de los republicanos. Barack Obama ha repetidamente puesto las pensiones de los trabajadores federales en el tajo durante sus negociaciones presupuestarias. El día después de Navidad, mientras estaba de vacaciones en Hawai, Obama firmó un acuerdo presupuestario federal que, entre otras cosas, impuso nuevos límites a las pensiones de los militares retirados.
El saqueo de las pensiones es parte de una masiva transferencia de la riqueza desde abajo a los más ricos de la sociedad. Y es una campaña bipartidista. Ya sea Paul Ryan, Patrick Quinn o Barack Obama quien le pida a los trabajadores sacrificio, debemos decir: No.
Cuando el fabricante de aviones Boeing amenazó a sus trabajadores sindicalizados con sus puestos de trabajo a menos que se concedieran una "reforma" a su pensión, ellos trataron de decir que no. Pero al final, la intimidación de Boeing y la voluntad de sus dirigentes sindicales a rendirse sin luchar ganaron el día, y por una votación mínima aceptaron un contrato que incluye recortes a las pensiones.
Tenemos que fortalecer a los que están haciendo frente a la austeridad, y aumentar su número. El mensaje es simple: Los trabajadores ya han pagado bastante por la crisis; y es el momento de empezar a recortar por arriba.
Traducido por Orlando Sepúlveda