La solidaridad derrota al odio

La resistencia necesaria para batir Trump debe ser construida reviviendo la idea de que es en el interés de cada trabajador salir a la defensa de otro trabajador.

Taking to the streets against Trump after Election Day

"LOVE TRUMPS HATE" (El amor derrota al odio).

Ese fue el tono de cientos de manifestaciones y vigilias a través del país que emergieron en respuesta a la sorpresiva victoria electoral de Donald Trump en noviembre. Y por una buena razón: Nadie en la clase política estadounidense, por décadas, ha tan abiertamente desplegado tanto odio--hacia los inmigrantes, las mujeres, los musulmanes y contra cualquiera que se atreva a estar en desacuerdo con él--como el presidente entrante.

No sólo eso, sino que además Trump está montando una casa de espanto a su alrededor. El Vice-presidente Mike Pence dio su subrepticia aprobación pública a la tortura anti-LGBT, conocida como "terapia de conversión homosexual"; su nominado para la Asesoría de Seguridad Nacional, Michael Flynn, es un furioso islamófobo; y su candidato a la Fiscalía General, Jeff Sessions, tiene un largo, racista historial.

Luego está Steve Bannon, consejero de Trump y ex jefe de Breitbart News, el famoso sitio web de extrema derecha, conocido por envenenar la Internet con diatribas sexistas y conspiraciones racistas.

Al mismo tiempo, el Congreso republicano se apronta a realizar su lista de quehaceres, prometiendo derogar Obamacare, eliminar las protecciones para las personas LGBTQ, restringir el derecho al aborto, privatizar el Seguro Social y "reformar" Medicare.

Frente a un nuevo presidente y Congreso que sin tapujos muestran su desprecio por lo que la gran mayoría de la gente considera mínima decencia humana, fue natural para muchos responder a la elección de Trump elevando los temas del amor y la humanidad.

Pero si vamos a montar una resistencia a los planes de Trump de dividir y conquistar, necesitaremos no sólo del amor, sino de la solidaridad: La idea de que los oprimidos tienen un interés en salir a la defensa de cada persona o grupo cuyos derechos y bienestar estén siendo atacados.

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NO PRETENDAMOS que pre-Trump Estados Unidos era una sociedad basada en el amor, tampoco.

Éste era un país de creciente desigualdad, alienación y desesperación, de homicidios policiales transmitidos en vivo por la Internet, de invisibles sobredosis de drogas, y empeñado en bombardear empobrecidos países musulmanes, pero que arruga frente a la histórica tarea de acabar con el cambio climático.

Hillary Clinton, la candidata de la continuidad de este cada vez más miserable estatus quo, proclamó haber corrido una campaña del amor, contra el odio de Trump.

Pero su proclama sonó hueca al venir de alguien que como senadora votó a favor de la guerra de Irak, como Secretaria de Estado autorizó un golpe de estado en Honduras, y como primera dama ayudó a dar legitimidad a las políticas que crearon el actual sistema de encarcelamiento y deportaciones masivas.

Trump y otras figuras nacionalistas de derecha han crecido en prominencia y poder, en todo el mundo, precisamente porque figuras del establecimiento, como Clinton, están manchadas y desacreditada por su hipocresía. El mensaje de la emergente derecha es que la crueldad del capitalismo del siglo 21 es inevitable, y que el modo liberal de lidiar con ello, "políticamente correcto" y a medias astas, no es el más adecuado, sino que el llano tribalismo racial y la construcción de muros lo son.

Debemos rechazar esta apocalíptica visión de la derecha, pero no proclamando que "todo está bien", como Clinton y el Partido Democrático. En su lugar, debemos luchar por nuestra propia visión de un mundo diferente, de hecho basada en el amor, empezando con acabar con la pobreza en el más rico.

Para hacer eso, necesitamos más que amor abstracto. Necesitamos construir una solidaridad concreta entre la mayoría de aquellos con un interés mutuo en derrotar a la derecha y luchar por una sociedad basada en la justicia y la igualdad.

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EL CONCEPTO de solidaridad está basado en la idea de que la gente puede unirse a pesar de sus diferencias, no porque es bondadosa, sino porque tiene un interés común en no dejarse dividir y ser conquistados. Como lo pone el lema de los Trabajadores Industriales del Mundo: "Un ataque contra uno es un ataque contra todos".

Se nos enseña que la única manera de salir adelante en esta sociedad es competir contra nuestros pares, pero mientras esto puede ser verdad para las empresas, nunca ha sido cierto para la clase obrera. Las mayores ganancias para los trabajadores han venido no a través de puñaladas en la espalda entre unos y otros, sino formando sindicatos para elevar el nivel de vida de todos.

Esto es cierto para trabajadores en un mismo sindicato, y para trabajadores a través de diferentes empleos y situaciones de vida, y para personas que sufren diferentes opresiones y están divididos unos contra otros.

Cuando los afroamericanos obtuvieron sus más grandes victorias--la abolición de la esclavitud a mediados del siglo 19 y el fin de la segregación de 100 años después --los derechos de los otros no fueron reducidos. Al contrario, su triunfo alimentó otras luchas por los derechos de las mujeres, los inmigrantes y los trabajadores, en general. Alicia Garza, una de las creadoras de la campaña #BlackLivesMatter, lo expresó así: "Cuando los negros se liberan, todo el mundo se libera".

Es por eso que la solidaridad no es sólo un concepto abstracto, sino algo real, basado en redes de lealtad y confiabilidad.

Una huelga no puede suceder si una trabajadora no sabe si sus compañeros saldrán también con ella. Los jóvenes indocumentados sólo pueden salir de las sombras sin miedo si están conectados a organizaciones en las que pueden contar para defenderlos.

En el país de Trump, si grupos que estén bajo ataque, como los musulmanes y los inmigrantes indocumentados, desarrollan la confianza para protestar dependerá de la palpable solidaridad que comencemos a construir desde ahora, formando redes de respuesta contra los crímenes de odio y las deportaciones y facilitando espacios para la discusión política y para organizar.

En momentos como este, cuando la derecha crece, es fácil ser escéptico de la solidaridad. Ese escepticismo es a menudo expresado en artículos o mensajes en los medios y redes sociales que descartan los esfuerzos de mostrar apoyo con un grupo oprimido como un vacuo intento de sentirse bien con uno mismo.

Pero esa caricaturización ignora el punto más importante: la solidaridad nos hace sentir bien porque tenemos intereses mutuos.

No hay mejor reciente demostración de la fuerza de la solidaridad que el movimiento que bloqueó, al menos por ahora, la construcción del oleoducto cerca de la reservación indígena Standing Rock en Dakota del Norte.

La tribu sioux de Standing Rock ganó esta victoria porque pudo contar con la solidaridad de cientos de tribus indígenas, cada una con sus propias luchas para defender su tierra, y de miles de simpatizantes que viajaron Dakota del Norte porque tuvieron interés en defender ambos, la soberanía indígena y el planeta de ser destruido por las compañías petroleras.

No todos los involucrados en la lucha podrían ser afectados, por ejemplo, por un derrame petrolero, pero acudieron al llamado por apoyo, y su presencia en Standing Rock, sobre todo la de veteranos militares, envió un mensaje a la empresa y el Estado que no pudieron ignorar.

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LA SOLIDARIDAD no es sólo una estrategia para la resistencia. También tiene el poder de transformar a los involucrados.

Hay dos ideas comunes acerca del racismo y otras formas de opresión. La primera es que éstas son ideas retrógradas y obsoletas que gradualmente están desapareciendo, y la segunda es que son un elemento inmutable de la naturaleza humana que siempre ha estado y estará con nosotros.

Ambas se equivocan. La opresión es el producto de una sociedad profundamente desigual, donde una élite minoritaria mantiene poder dividiendo a la mayoría oprimida, enemistándola entre sí, para que no pueda unirse en su contra. Que la opresión sea desafiada y finalmente superada depende de que si somos capaces de combatirla con movimientos solidarios.

El mensaje de Donald Trump puede parecer odio puro para aquellos contra los que está siendo dirigido, pero a los ojos de aquellos le dieron su voto en noviembre, él está elaborando una visión, seguro falsa, de la solidaridad: solidaridad sólo con algunos, no con todos.

Los socialistas tenemos alternativas reales que ofrecer. No la retórica vacía del amor y la unidad que viene de los políticos financiados por los banqueros de Wall Street y contratistas militares que sacan provecho de nuestro desalojo y muerte, sino la fuerza del pueblo obrero para unirse alrededor de un interés mutuo, contrario al mensaje de odio y codicia de Trump.

Esto puede parecer a mucha distancia aun, pero llegar allí comienza ahora, con la unidad de aquellos que quieran luchar contra Trump, primero en las manifestaciones del fin de semana de inauguración en Washington, DC, y en todo el país. Obrero Socialista insta a sus lectores a participar en la protesta Inauguremos la Resistencia, el 20 de enero, y la Marcha de las Mujeres sobre Washington, el 21 de enero, o en acciones en sus propias ciudades, si no se puede llegar a Washington.

Y la lucha continuará después del fin de semana de la inauguración, así como continuamos organizando la resistencia en todas las luchas venideras en la era Trump.

Traducido por Orlando Sepúlveda